Con la soga al cuello de Francisco Alarcón


Vivir con la soga al cuello se ha hecho costumbre para los venezolanos, bajo amenazas constantes que laceran a la Venezuela prospera y decente; nos somete “un caudillo por desgracia de Dios”. Diarias son las intimidaciones penalizando hasta la libertad de existir. Pareciera no ser suficiente con una “stagflatio” inducida por el mismo oficialismo, cuando arrasan los erarios públicos, destruyen la industria privada y rompen los nexos con nuestros tradicionales socios comerciales. Por ello, desaparecen los productos de primera necesidad en los expendios y otros aumentan sus precios en descomunal subida. Además de aprobar la Asamblea Nacional una ley de educación inconstitucional, que barrerá con los cimientos de una educación libre, destruirán con engaños la propiedad privada y usarán cuanto despropósito se le ocurra a quien demolió la democracia “democráticamente”, en confabulación con esos entes públicos que traicionaron al pueblo.

¿Será posible continuar viviendo bajo esta situación de presiones incansables y advirtiendo la inminente ruina del país, materializándose un comunismo tipo Cuba? Esa es la gran pregunta, si estamos dispuestos a seguir aceptando las imposiciones del caudillo “sin aviso ni protesto”.

Todo es penado menos la delincuencia e inseguridad que campea rauda a lo largo del territorio, mientras las posibilidades de protestar y de manifestar democráticamente son prohibidas o limitadas, cayéndole encima “todo el peso de la Ley” y los desbarros de los malandros afectos al régimen.

Casi una tragedia ocurre durante la última manifestación opositora, cuando la policía y la Guardia Nacional arremetieron contra ciudadanos indefensos. Bombas y más bombas tóxicas, perdigones para que luego un oficial hazmerreír, saliera a expresar su alegría arengando a la tropa causante de la agresión. ¡Rodilla en tierra! como Farriar en Carabobo fue lo que se le ocurrió decir; había librado una batalla contra el pueblo venezolano, había derrotado con vesania al “enemigo”, a quienes queremos devolverle la libertad a este país. Seguramente será condecorado por los esperpentos del régimen. El ministro de Interior también hizo gala de una labia burlesca al mismo estilo chavista para condenar la violencia de una oposición desarmada, pero henchida de valor que lucha por su supervivencia. Son estas las oscuras expresiones de un régimen que, pareciera estar en sus estertores, presintiendo lo que podrá ocurrir cuando ese pueblo arrecho exija justicia ante tantos desafueros.

Entretanto esto acontece, los ciudadanos seguimos torturados con las cadenas oficialistas y las pretendidas imposiciones de acabar con una educación libre y de terminar con la propiedad privada. Basta de atropellos es lo que se escucha en la calle, el descontento crece más, cuando más hablan los chocarreros comunistas. Vendrán las anunciadas medidas económicas que apretarán más los cinturones a quienes no les alcanzan ya los sueldos ni para comer. Desempleo, miseria y más pobres, mientras la boliburguesia cada vez está más rica y a ellos no pareciera hasta ahora afectarles en nada la coyuntura económica. Una Venezuela donde todo se mueve a punta de billetes y corrupción, y de donde paradójicamente emerge una nueva oligarquía desde las mismas filas de los camaradas. Las medidas económicas afectarán a los ciudadanos decentes, quienes pagan sus impuestos y son sometidos por los órganos recaudadores. La ley escorará hacia una sola porción de la población, para los demás la impunidad seguirá rampante. Son los martirios del chavismo, la incertidumbre que acogota a la gente y no les permite avanzar, viendo con desconsuelo como se esfuma la Patria noble. Con la soga al cuello esperando lo peor ¿llegará o no llegará el comunismo?, nos quitarán de una vez a nuestros hijos y propiedades, morirá la libertad? Esas son las interrogaciones que deberán hacerse los compatriotas de todas las tendencias políticas, antes de que nos ahorque la soga que nos echó al cuello una minoría satánica. Queremos el regreso a la Venezuela hermanada, no más odios ni rigores impuestos con deslealtad.

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