¡El poder no es una guarandinga! de Agustin Blanco Muñoz

La guarandinga no puede ser mayor. Primero se planteó la solicitud de un Referendo Abrogatorio para que el soberano rechazara la Ley de Educación. La respuesta se sabía de antemano: no procede porque el instrumento apunta hacia la garantía de un derecho humano. Pero en ese caso, se colocarían las cuartas urnas (efecto Zelaya) en plazas y avenidas.

Pero a la vez, la "Mesa de las Oposiciones" declara el desacato a la LOE. Una posición que no es coherente con la de promover una consulta para saber qué decide el colectivo. La torpeza de la dirigencia está en relación directa, una vez más, con la necesidad de protagonismo de que hace gala.

Y con esas dos proposiciones en la calle, se convoca a una "gran marcha" el sábado 22, para oponerse a lo que ya se decidió no acatar. Sin embargo, el martes 18 deciden todo lo contrario. Ahora la consigna es: acatar la ley, no se convoca el referendo sino a protestas permanentes y para el día de inicio de clases, un pupitrazo nacional.

En síntesis, nada definitivo más allá de las peleas-enfrentamientos de "las oposiciones". Cada grupo o subgrupo tiene sus posiciones para consumo interno y marcar la diferencia con el resto. Se da continuación así a un proceder que para muchos es errático, pero que se encuadra en la línea de la convalidación y la complicidad, ya usual en la conducta de estos grupos.

Esta es la constante de la reacción opositora contra cada una de las partes en que el régimen fracciona su acción. Y en todo caso, el gobierno deja en claro su carácter autori-totalitario, y su decisión a no convalidar el pedido de unas "oposiciones" que por momentos parecen adquirir algún grado de conciencia que les lleva a plantear caminos distintos.

Hemos sostenido y sostenemos que la lucha política aquí hoy, si aspira avanzar, debe tocar lo esencial. No es la lucha contra las partes en forma aislada, al detal, la que puede producir algún dividendo importante. Quien piense en un verdadero cambio en ese terreno, tiene que apuntar estratégicamente hacia la toma del poder, basado en una actuación que se deslinde de la destrucción que ha prevalecido en este ex país.

De ninguna otra manera será posible vencer esta tragedia. Con formas de actuar que parecen pautadas y diseñadas por la propia "revolución", no será superada esta realidad que junta al monstruo gubernamental con el de "las oposiciones".

Indispensable clarificar entonces el papel del colectivo en la empresa que tenemos por delante y la organización de esta instancia para que actúe como el agente histórico fundamental, en el establecimiento de un orden social que esté por encima de los postulados que han regido y rigen nuestra sociedad. Imprescindible superar el "credo" liberal-positivista y neo-positivista que nos ha regido por 200 años y que tiene hoy la mayor vigencia.

La ruptura con ese pasado-presente, regida por la misma ley del enfrentamiento destinado a aplastar y aprovechar al colectivo para los proyectos de los privilegios, hoy boliburgueses, es la única vía que puede garantizar el nacimiento de otra forma de concebir y organizar esta sociedad, para que se abran las posibilidades para el ejercicio de una verdadera justicia y libertad, capaces de ser las bases y fundamentos de una comunidad con otro cometido y sentido.

Y esto nos lleva a un punto nodal: la formación de un individuo que no se quede en el sí mismo, sino que pueda desplegar una acción destinada a fortalecer cada vez más la acción de un colectivo empeñado en hacer del valor vida la máxima aspiración de su realización.

Pero no definimos ni determinamos el camino a seguir. Esta es una tarea que no corresponde a la acción individual o mesiánica, sino al aporte de muchos que sientan la necesidad de conformar una sociedad sobre parámetros que definan y determinen una nueva realidad, sostenida sobre un cambio de estructuras económicas, sociales y las que se derivan.

Y ubicados aquí es inevitable aludir a las vías para lograrlo. Reiteramos que no promovemos la violencia, sino el rechazo creador y constructivo. A la violencia que se nos impone frente a una LOE que sólo le cambia el signo a una educación para los privilegios y el adoctrinamiento, hay que proponer un instrumento educacional para el colectivo, que comience por poner en discusión su capacidad y compromiso para adquirir la posición de constructor de una nueva historia.

En definitiva, se trata de conformar una gran fuerza colectiva, conciente, organizada y dispuesta a construir una sociedad sobre nuevas bases. ¿Cuáles bases? Importante definir hacia dónde queremos ir y las formas de alcanzarlo. Ha llegado la hora de la ruptura con el cuerpo de postulados que hasta ahora configuran una sociedad regida por la misma explotación.

Ni las variantes de liberal-positivismo ni de marxismo-revolución han servido hasta ahora a los fines de la tan soñada idea de la igualdad de y para la vida. Y no se trata de refugiarse en el camino utopía, sino de apelar a la necesaria obligada y urgente acción de pensamiento creador, para definir si es posible la vida en sociedad o si ésta en definitiva es simple portadora de perversión y sometimiento, para hacer de lo que se conoce como género humano, una simple y permanente víctima de su propia infamia y perversión.

En este caso habríamos llegado a la consideración de una humanidad en estado de máximo hundimiento que en sí y por si misma estaría ubicada ya no en el territorio de lo humano, sino en manos de decisiones extrahombre que serían las únicas llamadas a vencer su falta de condición para la vida, ubicándonos en un terreno teológico-religioso que hasta ahora nada ha aportado a los fines de una historia del hombre, hecha por ellos y no por los dioses.

Esto nos sitúa ante una perspectiva mucho más difícil y compleja. Quien aspire enfrentar estos monstruos debe comenzar por deslastrarse de los vicios, imposiciones, conceptos y actuaciones que la sociedad de la violencia han asentado como conductas naturales, ya sea en nombre de las dictaduras, democracias o revoluciones.

Ninguno de esos ropajes han servido hasta el día de hoy para levantar una vida que alcance al colectivo en su condición de individuos, que no de masa dispuesta a ser históricamente sacrificada en aras de las mismas minorías privilegiadas. Primero hay que romper con el engaño-fraude dispuesto para violentar o domesticar, reprimir o negociar y avanzar hacia acciones para la vida, en paz y libertad.

Hasta hoy los poderes no han entregado o perdido sus privilegios de manera pacífica. Pero parece llegado el momento de comprender que el colectivo contiene tal vez la fuerza de mayor nivel y alcance de la historia. De este modo se adquirirá la conciencia de que el poder no es una guarandinga, una conjunción de enredos sino una realidad que contiene el aporte del inmenso y creador colectivo.

Sólo y a partir de esa entidad se podrá lograr la conformación de una sociedad de hermanos hacedores de justicia, belleza, amor y libertad. Mientras, seguirá la vida unida al monstruo de la destrucción que tanto espacio tiene ya en el llamado territorio de lo humano.

abm333@gmail.com
El Universal

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