Emplazamiento de Teódulo López Meléndez

Como habrán constatado mis lectores he estado escribiendo sobre la organización política del mundo. Es que preparo un nuevo libro. De allí que me había mantenido sobre el tema en mis artículos de opinión. El primer deber de un escritor es escribir, sólo que existen “escritores” que no escriben. Pues bien, los comentarios no se hicieron esperar: alguien mandó un mail señalándome que estaba como ausente, un amigo me llamó por teléfono para preguntarme en que país vivía yo, otro me preguntó si no tenía opinión sobre lo que estaba sucediendo.

No he estado ausente. El escritor que investiga y analiza contribuye a lo que es mi idea fija: el diseño de una democracia del siglo XXI. Vivo en este país: sigo segundo a segundo todo lo que acontece. Opinión sobre lo que pasa la tengo y la he expresado en lo que suman centenares de artículos durante los últimos cuatro años en que retomé la tarea del articulista.

Estoy muy molesto, pero conservo la sindéresis. Estoy profundamente irritado, pero mantengo la cabeza fría. Estoy muy arrecho, pero mantengo el control. Es así porque yo soy un político y un político conserva la sindéresis, mantiene la cabeza fría y conserva el control. A mí nadie me venga a decir que comprende mi arrechera que al fin y al cabo es de todos. Soy, además, un escritor y los escritores somos cuidadosos en el lenguaje, procuramos usar las palabras exactas. La palabra exacta fue “cabrones”.

Algunos vuelven con el tema de la unidad. Ya escribí –y no dejo de recordarlo- que la unidad era nociva para la salud. Lo dije y lo sostengo porque los ineptos han hecho de esa palabra una especie de poción mágica, de menjurje salvador de enfermedades, de invocación brujérica que aleja los malos espíritus. Al parecer todo se resuelve con la unidad, lo que es una soberana mentira, una falacia, un acto de prestidigitador que saca del sombrero de copa las mentiras convenientes a su acto teatral. “Nos necesitamos todos”, exclama algún lector, lo cual también es falso. No nos necesitamos todos. Qué vengan a la integración del país en una sola voluntad impuesta por el pueblo, no por reuniones aleatorias entre “dirigentes” disminuidos por su incapacidad y su abulia. La verdadera unidad no es entre cúpulas debilitadas, es el nacimiento de una conciencia firme en el país de tomar determinadas decisiones y de ir a determinadas acciones. Es más, con estas direcciones partidistas que tenemos jamás llegaremos a ninguna parte. Es menester que la nación para a los nuevos dirigentes envueltos en una nueva concepción democrática. No es la unidad la salida. La salida es que el país pase por encima de quienes fungen como sus “dirigentes”.

Mi emplazamiento es total. Emplazo a la clase dirigente partidista. Emplazo al país desde la serenidad que me otorga ser un político, pues cabeza fría y político van los dos ligaditos. Emplazo a Antonio Ledezma quien tiene que decirnos para qué se hizo vocero de la convocatoria a una “marcha” el sábado 22 de este mes. Ledezma tiene que decirnos cual es el propósito de esa actividad repetitiva y que no venga con que el propósito es protestar contra la Ley de Educación. Ledezma debe responder si esa “marcha” es para entregar un “documento” ante la Asamblea Nacional. Si es así, pido a mis conciudadanos que no asistan. La única razón para ir hasta la Asamblea Nacional es para pedirles la renuncia a las focas y tomar como bandera la exigencia de unas elecciones parlamentarias anticipadas. Si no es así, si la “protesta” de Ledezma es otro ejercicio de drenaje de emociones, otro escape falso, ya el país harto debe dejar de aceptar los llamados a la caminata insulsa a tragar “gas del bueno”. Hay que tener un propósito y una estrategia: después de las barbaridades de las focas legislativas hay que pedirles la renuncia y asegurar que la única salida a esta olla de presión son elecciones parlamentarias anticipadas. A ello podrían contribuir los diputados de “Podemos” renunciando a sus curules y proclamando la ilegitimidad de ese remedo de parlamento. Es más, desde mi condición de ciudadano le pido a “Podemos” que deje de hacer de comparsa en la sociedad de sordos rojos.

(Ya Ledezma ha dado una primera respuesta, inaugurando en estas condiciones, precisamente en estas condiciones, una especie de feria para que los niños compren sus zapatitos, sus morralitos y sus uniformitos. Al parecer Ledezma quiere que los niños vayan bien bonitos a recibir sus clases de socialismo del siglo XXI. ¿Saben a quien se parece Ledezma? A esa detestable cuña publicitaria donde una madre enloquecida llena de ganchos la franela de su pobre hijo simplemente porque no soporta las arrugas. Por si fuera poco, en reunión de alcaldes de Baruta y El Hatillo se repite la misma cantaleta; referéndum abrogativo, “marcha” el 22, desconocimiento de la LOE, porque según el formidable experto no es anticonstitucional desconocerla; imaginamos que si lo fuera sería incapaz de llamar a resistirla dado que es tan apegado a la doctrina jurídica. Por cierto, no se entiende en que consiste el desacato que proponen. Escuchándolos me convenzo de que la palabra “cabrones” es muy suave, casi delicada, modosa, pero me abstengo de poner la que me viene a la mente para evitar soponcios a alguna señora tan culta que se ha escandalizado por mi uso de esa palabrota. Evidentemente nunca ha leído la prensa española o sufrió un coma cuando Uslar dijo “pendejo” por televisión).

Por cierto, la suerte o el infortunio, depende de cómo se mire, me ha conducido en ciudades extranjeras a toparme de frente con manifestaciones diversas. En ninguna parte he visto que la policía dispare gas lacrimógeno cuando la manifestación se aproxima. En todos los países –a los democráticos me refiero- la policía aguarda la llegada de los manifestantes al cara a cara y allí comienza la puja: los manifestantes empujan y las fuerzas policiales resisten. Sólo aquí se pone en práctica la aberración de llenar de gas a señoras indefensas o a gente mayor o a simples estudiantes. ¿A qué conduce la “marcha” que el señor Ledezma patrocina? ¿Al mismo espectáculo de una barrera de la PM seguida de una barrera de la GN y detrás las bandas paramilitares de la dictadura? Así no se manifiesta. Hay que saber hacer las cosas.

He dicho en infinidad de ocasiones que no se puede mandar a una población civil desarmada a enfrentar a una dictadura que tiene todo el poder de fuego. Hay cientos de formas de protesta, de las cuales la “marcha” es una que los disparatados “dirigentes” agotaron. Hay que picar y disolverse. Hay que planificar cambios de ruta. Hay que moverse como una serpiente ondulante a la manera que lo hacen en Seúl. Y no todo son manifestaciones. Ya he dicho hasta la saciedad que Charles De Gaulle desde “Radio Francia Libre” pedía a sus conciudadanos no salir a la calle en determinadas horas en protesta por la ocupación nazi. Y nadie salía. Y el que salía era visto muy mal. He allí una manera, entre docenas, dejar las calles solas en determinadas horas. Se han escrito tratados de cómo resistir a una dictadura y a sus despropósitos. No hay nada que inventar, todo está inventado. Lo que falta es la decisión, pero la decisión es aplazar hasta llegar a las elecciones del 2010 con la nueva Ley Electoral que permite el cambio de circunscripciones a voluntad del Ministerio Impopular para las elecciones (conocido por sus siglas CNE).

“Convocamos a una marcha pacífica” o “ellos marchaban pacíficamente y fueron agredidos”, son otras de las cantaletas. Los manifestantes que resisten al gobierno jamás han utilizado la violencia. La violencia viene de la dictadura. No estoy llamando al ejercicio violento, porque estoy plenamente consciente de que no se puede enfrentar el poder de fuego del dictador. Sería, es, una estupidez. Lo que llamo es a la resistencia inteligente, hábil, estratégicamente planeada, perspicaz e intuitiva, hábil y efectiva, y me permito recordar que jamás he sido abstencionista, que es otro de los argumentos que saca a relucir la “clase dirigente” devaluada.

Lo que he dicho y repito es que no es lo mismo ir a unas elecciones en democracia que ir a unas elecciones en dictadura. Cuando se va en dictadura hay que tener muy claro cual es el propósito de la asistencia y las pésimas condiciones en que se va. Se va porque se considera que hay una oportunidad de producir una expresión mayoritaria (caso chileno en el referéndum contra Pinochet) y que hay un chance de que el resultado sea respetado. Se va para incidir en las contradicciones interna de la dictadura. Se va con la intención manifiesta de producir el fraude y la consecuencial reacción. Se va si se tienen indicios de que fuerzas de presión poderosas van a pedir el reconocimiento del resultado. Se va por mil razones, todas distintas de las simplistas definidas como “debemos aprovechar todos los resquicios”. Las elecciones en dictadura son una arma a manejar a discreción, sólo que a la “clase dirigente” lo único que le provoca es ir a elegir sus “dirigentes”. Desde ya es necesario hacer la advertencia: si nos presentan candidatos salidos exclusivamente de las filas partidistas, candidatos reencauchados en los concilios “unitarios”, se van a topar de frente con el país. Los partidos devaluados deberán entender que el único propósito que debe animarlos es servir de instrumento de la sociedad venezolana y postular ante la emergencia a los mejores, vengan de donde vengan, porque si se comportan como cotos cerrados o como sociedad de mutua ayuda se van a encontrar con una nación que les va a negar la sal y el agua. Y lo peor: se perdería una oportunidad –si ese es el caso, lo que todavía no está claro- de jugarle una trastada al régimen.

Los fraudes navegan en la impunidad. El caso iraní demostró que se pueden poner veinte o treinta muertos al día en la protesta, pero que no se aguanta más de una semana o diez días. Hay que recordarlo, porque si las fuerzas represivas se mantienen unidas en torno a los fraudulentos, como sucedió en Teherán, no hay manifestación que valga y mucho menos eso que llaman “condena internacional”.

Lo digo de una vez: no soy optimista en cuanto a los resultados finales de esta batalla. La única posibilidad es que el país pase por encima de los “entrevistados predilectos” de los medios, que no es que sirvan para la libre expresión, lo que sirven es para mantener vigentes a unos ineptos y para mantener en la opinión los criterios que ellos deciden soberanamente. La única posibilidad es que el país se sacuda el yugo de estas direcciones partidistas muertas, de estos fantasmas del pasado que, en coincidencia con el chavismo, aseguro que nunca volverán.

Ahora retomo la escritura de mi nuevo libro. El político que soy, dada mi condición de ciudadano, se mantiene presente.

teodulolopezm@yahoo.com

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