En busca de la popularidad perdida de Marianella Salazar

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El teniente coronel Hugo Chávez, perturbado mentalmente por el cerco democrático al que se enfrenta en lo interno, irracionalmente piensa que una guerra con Colombia lo hará recobrar la popularidad perdida. Es más, está
necesitando esa guerra, una guerra para aureolarse de muertos y democracia
sangrienta. La guerra vuelve carismático hasta a un sargento raso. Cuando
perpetró el criminal atentado contra la democracia, el 4 de febrero de 1992,
y fracasó en su intento de dar un golpe de Estado y de asesinar al
presidente constitucional Carlos Andrés Pérez, el teniente coronel tuvo que
deponer las armas y en pocos segundos el carisma cayó sobre él,
catapultándolo. El comandante golpista pudo haber consagrado su carisma para
siempre, cuando pronunció el "Por ahora", pero lo traicionaron un cúmulo de
delitos que inevitable y finalmente lo llevarán hasta una Corte Penal
Internacional donde lo harán pagar por las violaciones de los derechos
humanos, las innumerables limitaciones de los derechos democráticos,
despilfarro y corrupción con los dineros públicos, fraudes electorales y se
le juzgará también por sus relaciones con el narcoterrorismo, al cual le
suministra armas y le concede beligerancia. Además, claro está, el
interferir en políticas internas de otros países y exportar su trasnochada,
empobrecedora y sanguinaria revolución tendrá que ser severamente sancionado
por los daños y sufrimientos que también le está causando a otros pueblos.
Hugo Chávez lo ha estropeado todo y se ha perdido en esa gran fábrica de
fascismo cotidiano que ha venido construyendo por más de una década, por eso
se dispone a recuperar el carisma bélico, a coger sus aviones y fusiles de
fabricación soviética para embarcar a sus milicianos y a las Fuerzas Armadas
experta en gritar ¡Patria, socialismo o muerte! en los desfiles militares de
la avenida Los Próceres, en fechas patrias y nuevas efemérides
revolucionarias para enfrentarlos a los militares colombianos, fogueados por
más de cuarenta años con la guerrilla y ahora, con el apoyo logístico de
Estados Unidos en sus bases militares, nos propinarán el revolcón del siglo.
Es la crónica de una derrota anunciada.

...
Ajuste de cuentas.

Con ese panorama, el teniente coronel tendrá que tragarse sus tornados e
iracundias porque no obtendrá ni una triste victoria, quien terminará
pagando los errores tácticos y letales de este sembrador de odios y
aficionado a la guerra, será el sufrido pueblo venezolano.

Pero Chávez, que es hombre de ideas pocas y fijas, todavía no se entera que
la guerra contra Uribe es una guerra contra América Latina, que podría
desestabilizar a gran parte del continente.

Este hombre, que sueña con campos de batalla y desafía la paz de la región,
es un gran peligro. Lo realmente monstruoso es que haya complicidad civil,
pero, sobre todo, la del componente militar. Excluyendo a los "benavides" y
otras excrecencias que sobresalen en nuestras Fuerzas Armadas, ¿no habrá
quien le haga ver el grave error histórico que significan sus destemplados
gritos de guerra? Como si no tuviera una agenda plagada de terribles
problemas nacionales, nos embarca en una guerra que nadie quiere con
Colombia. Es un pretexto para ganar puntos y ejercer un dominio hegemónico
en esta parte del mundo.

No lo logrará. La única guerra que pedimos los ciudadanos es contra el hampa
desbordada y envalentonada, pero mientras dure el mandato de Hugo Chávez, en
el que no se aprecia la vida como un valor fundamental, no se decretará,
porque el delito en todas sus manifestaciones es una política de Estado. Un
día los venezolanos tendremos que ajustarle las cuentas.
El Nacional

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