VENEZUELA es tuya y mía también de Francisco Alarcón

Quienes hagan llamados excluyentes terminarán solos, es inexorable este resultado. La naturaleza humana tiende a unirnos y no a distanciarnos siendo un principio universal. La historia fue categórica contra los que se erigieron “genios” absolutistas. Hitler terminó suicidándose después de creerse que era dueño del mundo. Este ejemplo patético deben recordarlo quienes intenten sobrepasar el “reino” de la realidad, asumiendo crueles decisiones contra sus compatriotas. La trillada consigna “No volverán” no garantizó su contenido a nadie, paradójicamente en la práctica casi todos regresan. Así, pasará en nuestro país, no volveremos a una “cuarta” república pero tampoco continuará la degradación que ha significado la inefable “revolución”. Sus protagonistas son los duendes del desastre, tienen apariencia y rostro pero no existen a pesar de todos los daños causados.

Quien no deje un vestigio de creación en este mundo se condena a consumirse en sus hogueras, y es muy probable que esto suceda con los violentos “revolucionarios” que hoy transitan por Venezuela. Son ellos, los fantasmas del castro-comunismo, que sin personalidad obedecen ciegamente las órdenes emanadas desde Cuba. Serán los zombis de la historia de Venezuela sin nada propio y henchidos de ínfulas hurtadas.

Cuando digo Venezuela es tuya y mía, me refiero a las grandes diferencias que tratan de establecer entre sus habitantes, con resultados precarios pero que han marcado un hito en nuestra sociedad con la polarización entre oficialistas y no oficialistas. Hoy en día esas diferencias se van desvaneciendo y la población se agrupa en torno a la defensa de intereses colectivos; el problema “político” pasó a un segundo plano, cuando los venezolanos a través del voto rechazaron una reforma constitucional que, finalmente imponen por vías de hecho. La Asamblea Nacional deparará muchas sorpresas cuando apruebe las “leyes” que fueron rechazadas. Mientras esto ocurre emergen las protestas populares sin marcado acento proselitista, sin las convocatorias de organizaciones tradicionales sino de entes comunitarios o vecinales; igual ocurre con el movimiento obrero, al cual dábamos por desaparecido pero que ahora irrumpe con fuerzas en nuestras industrias básicas, reclamando sus derechos y sus contrataciones colectivas. ¿Quiere decir esto, que la patria no ha sucumbido ante las amenazas comunistas? Posiblemente sí y el rechazo será total cuando contemos con los sectores oficialistas que se nieguen a “sacrificar” sus vidas en harás del “socialismo”.

Venezuela es una, la que empieza a reclamar sin parcelaciones y será la que llegado el momento, exigirá restablecer todo lo que considere abatido; cuanta libertad haya sido mancillada, cuanto empeño dictatorial traten de imponer para complacer al amo.

Aprisionados por la inseguridad y con la delincuencia rampante que nos acecha a todos, ese será el otro peligro a conjurar, de no hacerse estaríamos en la antesala de una guerra civil abierta, a la que nos llevó un gobierno irresponsable e incapaz.

La inflación desprendida y en expedita carrera ascendente, avizora otro sacrificio para este pueblo, masa a la cual no le llegaron las canonjías del régimen. Son ingredientes peligrosos, explosivos que pudieran detonar en cualquier instante para lo que se requiere unidad por la base. Si el país no quiere morir, debemos sumar voluntades para la defensa de intereses comunes, forjando los cimientos de una sola fuerza que borre cualquier estampa disociadora de las dos Venezuela que nos quiere sembrar una personalidad absurda. Las dos Venezuela existieron en lapsos cortos y fueron instrumentos de confrontación, signados por el oficialismo para mantener adormecida y dividida a la sociedad. Pero ese letargo va pasando cuando vemos las reacciones de los obreros de la CVG, Pdvsa, la rebeldía de la población de Curiepe, entre otras. Son a diario las protestas sin convocatorias extravagantes, y están allí sus líderes naturales llevándolas. Es la Venezuela tuya y mía que comienza a retumbar y que al final coincidirá para devolvernos nuestra libertad.

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