EL FRAUDE del 52 de Julio César Arreaza


Gobierna la Junta que tumbó a Gallegos, presidida por Carlos Delgado Chalbaud. El 28 de noviembre de 1949 se instala la comisión designada para redactar un proyecto de Estatuto Electoral, a fin de convocar a elecciones generales para la Asamblea Nacional Constituyente. Dicha comisión está integrada por Luis Gerónimo Pietri, presidente, y Rafael Caldera y Jóvito Villalba como vicepresidentes.

Asesinado Delgado, cambian las cosas, gobierna ahora la Junta encabezada por el Dr. Suárez Flamerich, pero dominada por Pérez Jiménez. En abril de 1951 se promulga el Estatuto Electoral, pero con cambios fundamentales al proyecto presentado, sólo pueden participar en los comicios los partidos que funcionaban legalmente, quedan proscritos Acción Democrática y el Partido Comunista.

El Consejo Supremo Electoral, encargado de organizar y dirigir el proceso electoral, está integrado por el doctor Vicente Grisanti, presidente, y Carlos Miguel Lollet, Juan Satumo Canelón, Ricardo González, Edecio La Riva Araujo, Patrocinio Peñuela Ruiz, Juan Manuel Domínguez Chacín, Luis Hemández Solís y Roberto Sosa Fernández.

Copei y URD participan con entusiasmo en la campaña electoral para elegir la Constituyente. Acción Democrática y el Partido Comunista de Venezuela, proscritos de la lucha política, se mueven con dinamismo político desde la clandestinidad.

El FEI, el partido de los partidarios del gobierno, realiza las postulaciones a diputados a la Asamblea Constituyente. Uno de los candidatos, Laureano Vallenilla Lanz, lanza inauditamente la candidatura presidencial de Pérez Jiménez. Tal actitud, incongruente con la convocatoria de la Constituyente, causa sorpresa en el agitado ambiente político nacional.

Los partidos de oposición denuncian la brutal represión en Guasina y los calabozos de la Seguridad Nacional.

Villalba luce apasionado, elocuente y convincente, las masas se entusiasman con las posibilidades reales de triunfo de URD.

Rómulo Betancourt expresa respecto a las elecciones pautadas para el 30 de noviembre de 1952:

“ El clima político venezolano podría sintetizarse así: decisión de la ciudadanía de convertir ese acto en un plebiscito contra Pérez Jiménez y su gobierno; el frío de la derrota calando hasta los huesos a los escasos partidarios sinceros de las fórmulas totalitarias de Gobierno y a la camarilla de negociantes inescrupulosos arrimada al poder”.

Los votantes concurren masivamente a las mesas electorales.

Después de cerrado el acto de votación, comienza a recibir Pérez Jiménez noticias desalentadoras sobre los resultados electorales. El comandante Oscar Tamayo Suárez le revela que son adversos los cómputos conocidos de los comicios. Carlos Pulido Barreto sostiene ante un grupo de oficiales que las cosas pueden arreglarse, porque ellos tienen el poder y las armas. Califica la derrota como una traición de la gente vendida a los comunistas.

Vallenilla, el comandante Tamayo Suárez y Pulido Barreto, concuerdan en que el resultado de las elecciones no importa. Lo que interesa es conservar el mando y estiman que es fácil fabricar la solución jurídica, cuando se cuenta con el respaldo de los machetes.

Expresan a Pérez Jiménez, lo que éste sugiere y quiere escuchar: “Usted debe conservar el poder. Nosotros lo apoyamos. Liquide la Junta y gobierne solo, porque los problemas han surgido por la división del Ejecutivo. Pérez Jiménez manifiesta que se queda en el poder.

Entre tanto, El Nacional en su edición del 2 de diciembre de 1952, destaca los primeros resultados oficiales del Consejo Supremo Electoral: FEI 147.528 votos; URD 294.593 votos; Copei 89.095 votos.

Era un hecho casi imposible de revertir un cambio en la tendencia. Sin embargo, la trampa la llevan a cabo Ricardo González y Pablo Salas Castillo, quienes han pasado a dirigir de manera ilegal el Consejo Supremo Electoral, al no contarse ya con el doctor Vicente Grisanti, quien se refugia en la Embajada de Brasil, ni con los otros miembros que se han negado a alterar los resultados electorales.

La suerte está echada. Pérez Jiménez está contento con el favorable desenlace de la situación. Ahora será él y nadie más que él, el dueño de todo el poder.

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