No señores ministros, no se trata de reducir el diferencial:

Ministros –economía y BCV y otros- y hasta el propio Presidente de la Republica, en las últimas semanas han expresado “preocupación´ por el diferencial entre el dólar oficial y el llamado dólar “permuta”. Quebraron inclusive el extremo de esa ley achacosa que prohíbe hablar del dólar permuta. Lo extraño es que durante unos cuantos años, el diferencial entre ambos “cambios” ha superado en promedio el 300 %; en el gobierno nadie se inmutaba por ello. Nada extraña, después de todo, ese amplio diferencial ha estado allí por una política pública iniciativa del propio gobierno, su paternidad, de la ley del régimen cambiario, constituye un mecanismo para el fácil endeudamiento público, sin regla fiscal ni controlabilidad por la opinión pública; el dólar permuta, más caro que el oficial, era la zanahoria, ante la dificultades de conseguir dólares por vía normal.



El discurso político del gobierno, como si no hubiesen estado gobernando desde hace 10 anos, ha ido en dirección de hacer creer a la gente que el gobierno va a reducir el diferencial. Se ha llegado al extremo del esoterismo monetario, como lo declaro el Presidente del BCV, de ponerle número, “el diferencial no debe superar el 60”; pero como para sacar un conejo de un sombrero, hay que meterlo allí primero, el último descubrimiento ha sido emitir deuda pública para que se incremente la oferta de divisas –off shore- y así se reduzca el diferencial. Como en economía nada es gratis, a mayor deuda menor diferencial parece ser la nueva teoría económica del tipo de cambio. En otras palabras sino lo pagamos con un dólar caro, pues vendrá envuelto en mas deuda pública lo cual significa más impuestos y muy pronto, pero haciendo insostenible sostener en el mediano plazo la paridad cambiaria, el efecto neto se sentirá en los precios.



Que dirá Pedro Pérez, el hombre de a pie, que tiene que pagar ese diferencial reducido del 60% -que es la meta del BCV- con una inflación marcada por ese diferencial, cualquiera que sea si nivel, para que el gobierno la recoja como impuesto inflacionario por sostener un régimen cambiario absurdo y perverso cuyo efecto neto ha sido la distorsión del comercio internacional de Venezuela, cuyo único beneficiario es el gobierno que puede emitir deuda pública sin freno no control; es decir, sin regla fiscal.



La expectativa en el mercado del dólar es que en el mediano plazo el diferencial volverá sus niveles “históricos´, porque sostenerlo es explosivo por el crecimiento de la deuda pública. Por todo ello se está incubando -con esas perversiones- una colosal presión inflacionaria, más impuestos y una violenta depreciación del tipo de cambio, porque si algo no se puede hacer en economía es represar o reprimir el mecanismo de formación de precios, sin que se pague el costo por ello.



Lo que se requiere no es reducir el diferencial, sino eliminarlo, y ello es posible demoliendo el actual esquema cambiario, que si alguna cosa ha traído es racionamiento de divisas, inflación y un conjunto de deseconomías como la corrupción y la deformación de los precios. Las cosas son tan surrealistas en términos de políticas públicas, que el Ministro de Finanzas, afirmaba hace unos días que pondrá restricciones a los bancos para adquirir bonos públicos; pero él mismo estaba colocando, simultáneamente a su declaración, 5000 millones de dólares en más bonos de deuda pública.



O el Ministro había olvidado esa colocación de deuda, o nos estaba mamando el gallo, porque esos bonos que se colocaron la semana pasada irían rápidamente a los balances de los bancos y con ello restringiendo aun más el mercado del crédito con lo cual la economía extiende su descapitalización, desacumulación, desinversión, desempleo y contracción, porque el crédito todo se lo está chupando el gobierno, y el régimen cambiario dual, de una tasa oficial y otra permuta, off shore, constituye el vehículo por donde la desinversión se realiza.



Ese conjunto de costosas distorsiones constituyen el efecto neto que el gabinete económico le cuesta divisar. Claro, comprendemos que esta teoría económica que por reverso menciono, no está en los manuales de política monetaria del Che Guevara cuando fue Presidente del BC de Cuba., donde su portentoso legado fue fundir el fisco y la emisión de dinero, para que con el tiempo, el peso cubano perdiera totalmente su valor.



Uno que ha aprendido algo de cómo operan los sistemas económicos cuando son intervenidos hasta los tuétanos por el gobierno, como ocurre actualmente en Venezuela, se muestra incrédulo en relación al “objetivo” del gobierno de reducir el diferencial, por la sencilla razón que ese diferencial formado entre ambos “tipos” de cambio fue creado por el mismo gobierno en una ley solicitada a la Asamblea Nacional y puesta el ejecútese por el mismo Presidente de la Republica. La Ley del Régimen Cambiario, cuyo espíritu y letra creo explícitamente el llamado “dólar permuta”, como un mercado donde la gente canjea/permuta bonos públicos venezolanos en bolívares por bonos públicos en dólares para obtener las divisas que el BCV y CADIVI racionan y no venden al ritmo que la economía lo requiere.



Con ese “incentivo” de obtener más bolívares por dólar de los que vendería el BCV a la tasa oficial, era evidente que empresas y bancos públicos, inclusive el mismo gobierno, tendrían todo el interés en mantener un diferencia lo suficientemente amplio para aprovechar esos mecanismos de captura de renta. La permanencia del amplio diferencial durante varios años, nos comprueba esta nuestra hipótesis, que no pareciera haber mucho interés por parte del gobierno en acabar con el diferencial.



Ministros, directores y Presidente del BC operadores políticos del partido del gobierno, no han querido entender que ese deformado sistema cambiario que ellos establecieron en el 2003, es causante de tantos males económicos. Por ejemplo, la inflación, ella está marcada por el diferencial, el cual opera la mismo tiempo como prima de riesgo, que paga quien tenga que hacer transacciones en moneda dura, que no efectúa CADIVI, por la naturaleza restrictiva del control, por omisión y comisión de aprovechamiento de posición de dominio.



Cuales medidas económicas entonces, ni 49 ni 54 ni 99, solo dos o tres podrían colocar la economía en la ruta de crecimiento con capitalización, acumulación e inversión, dos medidas económicas y una política harían falta, eliminar los controles, el de cambio y el de precios, porque está a demostrada hasta la saciedad su ineficiencia, y devolver el marco jurídico que respete y haga respetar los derechos de propiedad. El modelo de crecimiento basado en el petróleo, llamado socialismo del Siglo XXI esta fracasado. No hay que hacer un esfuerzo intelectual desmesurado.

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