¿VOTOS A PATADAS PARA SACARLO? de Agustín Blanco Muñoz

La película vuelve a proyectarse el 26 de septiembre. Y ya comenzó a funcionar la maquinaria que mueve el negociado del voto a patadas y al detal.
El aparato oficialista seguirá utilizando, como un Hitler cualquiera, la cuestión electoral para continuar su avance por los caminos de su legalidad y legitimidad.
Y ‘las oposiciones’, aunque califican al régimen de autoritario, dictatorial, totalitario o neofascista, le siguen viendo ‘hendijas democráticas’ por las cuales se puede colar la lucha electoral y sacar con votos a patadas al golpista-presidente (GP) y a su séquito ‘marxista-bolivariano-cristiano’.


Una posición incapaz de elaborar nuevas políticas y que tiene que acogerse a la que le diseña el régimen: Votar.
De este modo no se corre riesgos. Se hace exactamente lo que quieren los gobernantes. La cobardía se junta al miedo.
Esas ‘oposiciones’ saben perfectamente que el régimen tiene todo controlado para cantar sus próximos triunfos electorales.
Y nadie, por estúpido que sea, puede concebir que en la Venecuba de los hermanos Castro y el permanente golpista puede haber elecciones libres y transparentes.
¿Pero qué más puede hacer cada uno de los grupos opositores sino procurarse una mínima cuota de diputados que le permita tener una fracción parlamentaria y vida política publicitada?
Porque estas ‘oposiciones’ cuentan con la guía-orientación o dirección de los respectivos medios que también sostienen que la salida a la crisis que acogota a este ex-país está en el voto que nos permite esta “democracia”.
Por ello, salvo en casos que les cuesta mucho evitar, la cómplice cobertura mediática se limita a las voces que están adscritas a la cobardía electoral.
Se cierra filas de este modo con la llamada polarización. De un lado el monstruo oficialista y del otro el de ‘las oposiciones’.
En ambos está proscrita la lucha o confrontación de ideas y posiciones políticas e ideológicas y se impone la tendencia al pensamiento único. Difícil saber entonces quien es peor.
Por ello la acción entre los factores de las llamadas cuarta y quinta república se limitan a luchar por permanecer y por volver.
Los primeros tienen conciencia de que son una minoría, cuando sólo el 10% de su llamada vanguardia votó en las elecciones para elegir los miembros del Congreso Extraordinario y que, en consecuencia, deben acoplar cada vez más su maquinaria de compra-venta y fraude.
Los segundos saben que no volverán pero se empeñan en hacer creer que existe esa posibilidad. Cada componente sólo aspira a una representación que lo mantenga con vida, a ver si ocurre algún imprevisto que los coloque en plan gubernamental.
No existe un proyecto opositor para enfrentar la tal revolución de la descomposición, el atraso, la corrupción y la destrucción. Mientras todo está diseñado en ‘las oposiciones’ para la convalidación y la convivencia con la “revolución”.
Dos polos de destrucción empeñados, uno en resguardar su hegemonía y otro en recuperar espacios, que ven con preocupación el crecimiento de un colectivo ya superior al 50% del electorado que no cree en ellos y busca una salida diferente.
Una mayoría vista por los consabidos polos de poder, como una gran enemiga a quien se le lanza un ultimátum como el de los invasores de 1492 a los habitantes originarios: ‘hazte cristiano o morirás’. Hoy se le dice a las mayorías: ‘júntate a nuestro polo o te exterminaremos’.
Dos expresiones de la misma monstruosidad. Por ello mantenemos que esta dimensional crisis impone la salida de la organización-empuje social, que para nada implica violencia sino legítimo ejercicio de la democracia. abm333@gmail.com


El Universal, 08 de enero del 2010.

RAFAEL CALDERA de Juan Páez Ávila

Con un mensaje de unidad y convivencia civilizada, de lucha para salir de la ¨autocracia ineficiente¨ en que ha caído el país, dirigido a la juventud venezolana y al universo político en general, se despidió de esta tierra, el Dr. Rafael Caldera, quien ejerció con inteligencia y apego al Estado de Derecho, dos veces, la Presidencia de la República. Fundador de la democracia cristiana en Venezuela, jugó un rol fundamental con Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba en la consolidación de la democracia representativa, que durante cuatro décadas contribuyó a crear una conciencia civilista y democrática en la mayoría de los venezolanos.
Si hay algo insoslayable que destacar de la vida pública de Rafael Caldera, es que fue un hombre polémico, dentro y fuera de su Partido Social Cristiano, que defendió con firmeza sus ideas y sus aspiraciones políticas, cuando consideró que le acompañaba la razón histórica del papel que estaba llamado a desempeñar, sin ofender a sus adversarios, aunque posiblemente dejando algunas heridas que lo indujeron solicitar perdón por si con su ejecutoria política hubiese podido hacer algún mal. Creo que el mundo político comprendió el sentido profundamente humano y sincero de su mensaje, no sólo porque sus compañeros de partido con quienes discrepó internamente, se hicieron presentes en el acto del velatorio lo cual algunos podrían interpretarlo como un cumplido cristiano, sino también porque sus restos fueron colocado en capilla ardiente en el IFEDEC que preside Eduardo Fernández, a quien le hice la observación en el momento de la despedida, y quien destacó con satisfacción el significado unitario y trascendente de dicho acto.
Y en cuanto al país político que lo adversó siempre reconoció en Rafael Caldera sus dotes de estadista, su conducta democrática y honesta en la conducción de los destinos de la Administración Pública, desde la Presidencia de la Cámara de Diputados hasta la Primera Magistratura Nacional en la que puso en práctica su talante democrático y su concepción integracionista de América Latina. Tanto en la primera y con la segunda presidencia llamó a la pacificación de los venezolanos y trazó las políticas necesarias para su realización. Liberó al país de los peligros e inutilidad de la violencia y contribuyó a consolidar una conciencia democrática, propia de una nación civilizada.
Cualesquiera sean las diferencias que se tengan en torno a sus ejecutorias en el ejercicio de la Presidencia de la República y como líder de la oposición, que también ejerció firmeza, tratando de convencer al país de las bondades o de lo positivo que era para los venezolanos un gobierno de la democracia cristiana, a partir del Pacto de Punto Fijo, siempre tuvo como norte fundamental la defensa y conservación del sistema democrático.
Y cuando conjuntamente con muchos dirigentes democráticos observó que lo realizado durante casi cuatro décadas, requería algunas modificaciones tendientes al perfeccionamiento de la democracia, presidió la Comisión de Reforma Constitucional en la que se aprobó, a proposición suya, establecer en su texto y avanzar hacia una democracia participativa, para darle al pueblo elector un rol más cercano a su voluntad y soberanía. Esa reforma contemplaba la convocatoria a un referéndum para que ese mismo pueblo decidiera con su voto la continuación o no de los gobernantes, al frente de sus responsabilidades. Incluso contemplaba la posibilidad de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Esa reforma la aprobamos en primer discusión por unanimidad en el Senado de la República, pero posteriormente fue olvidada y engavetada.
Por estas y muchas otras razones que formarán parte de su biografía, el liderazgo de Rafael Caldera durante la segunda mitad del siglo XX, al lado de Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba, conformó una trilogía de grandes conductores y creadores de la República Civil Venezolana

2010, el año de las penumbras de Francisco Alarcón

Mientras la electricidad de Caracas estuvo en manos de particulares, contábamos con un servicio confiable, de eficaz gestión y seguros de que si sucedía un accidente sería solventado a la brevedad posible. Durante el gobierno de Chávez comenzaron las restricciones a una empresa que habíamos distinguido por su eficiencia, aunque no se le permitieron subidas en las tarifas y estuvo en la mira del oficialismo para multarla o sancionarla si acaso ocurría alguna falla. Era un blanco fácil para el régimen en su carrera desapiada contra las empresas privadas no tolerando su buena gerencia, porque ponía en evidencia la nulidad del resto de empresas de electricidad pertenecientes al Estado que nunca sirvieron. Causa por la cual el presidente Chávez decidió estatizarla y comenzaron los apagones al unísono en todas las regiones del país. Empezando la etapa de las penumbras y racionamientos en una nación rica pero depauperada. Además de sus múltiples abandonos al resto de la estructura física como sus carretera y puentes casi intransitables. Ningún mantenimiento se le hizo a las instalaciones del país, ni se construyeron obras nuevas de envergadura como las renovaciones dispuestas durante la democracia, sólo deterioros y malas prestaciones en los servicios se fueron acumulando en estos once años de “revolución”. Era imperdonable que algo funcionara bien para el gobierno más inepto de nuestra historia. Acabar con todo fue la orden y hemos arribado a ello, sin mayores dificultades para el “proceso”. Electricidad racionada sin que den explicaciones ciertas y se plateen las inversiones que se llevarán a cabo para arreglar la situación, con el agua racionada porque tampoco se remozaron las instalaciones construyendo nuevos embalses. A esto hay que sumarle los conflictos sociales, la eliminación de los sindicatos “burgueses” e incumplimiento en los pagos a los empleados del Estado, la caída general de la producción, escasez y subida de precios. Así culminamos el año 2009 en la mayor lapidación que ha recibido el pueblo venezolano, abatido y abandonado con la inseguridad. Ahora hay muchas policías “revolucionarias” pero ninguna al servicio de los ciudadanos honrados.

En el ámbito económico el desastre es total con una inmensa deuda pública, empresas del Estado quebradas o a punto de quebrar, sin distinguir nada bueno para Venezuela aunque suba ese petróleo milagroso que nos ha salvado largas veces de pasar hambre y arduas falencias. Igual da un precio elevado o bajo porque se lo pillan los nuevos burgueses “revolucionarios”.

Con este panorama no hallamos a economistas, investigadores, astrólogos o videntes que avizoren algo auspicioso para Venezuela en el año 2010. Razones no les faltan cuando comenzamos con un alerta de los propios representantes del gobierno, anunciando que la represa del Guri pudiera colapsar en los primeros quince días del 2010, sin dar ninguna esperanza de lo que harán en caso de que eso ocurra. Este régimen se ha caracterizado por no rendirle cuentas a nadie burlándose del pueblo, y las únicas medidas a las que recurren son a los racionamientos y se lo achacan todo a la madre naturaleza, esperando que sea ella misma quien los libre de tan delicadas coyunturas. Iniciaremos el nuevo año como en tiempos de guerra con grandes restricciones, quizás con las calles a oscuras, con centros comerciales, cines, teatros a medio funcionar, será la nueva forma de torturar a los venezolanos, forzándoles a permanecer encerrados en sus casas. El efecto sicológico con el sólo informe de las medidas fue devastador, viendo lo que se nos viene encima de gran analogía con Cuba.

Hugo Chávez se encargó de invertir el conocido proverbio chino: “Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”. Él prefiere regalarles o venderles una arepa barata a sus seguidores y que el resto de sus vidas se mueran de hambre. Así son todos los planes de este torpe gobierno que arrasó con la nación y engendró la mayor burguesía cleptómana y expoliadora que ahora su progenitor pretende desconocer. Entretanto, los venezolanos cumplían con su ritual de Navidad reuniéndose y celebrando con sus familiares, de igual manera se hicieron sentir los cohetes y se vieron los fuegos artificiales que despidieron posiblemente el último año con ciertos vestigios de libertad, para darle paso a un 2010 sumido en la penumbra.

2010: la economía venezolana en ruta de la ruina SOCIALISTA

Economía Política del empobrecimiento: como descapitalizar a la gente

La economía venezolana sufre una larga y severa contracción económica desde finales del 2008 y durante todo el 2009 según datos aportados por el BCV. En esas condiciones de contracción económica llega el 2010, no existen razones económicas reales que permitan abonar en un escenario de crecimiento, por el contrario, las políticas públicas están elaboradas para abonar en esa dirección contractiva. Y como el gobierno está ocupado en una régimen de destruición para construir su socialismo, no se dan cuenta que están empujando el país hacia la ruina del socialismo. La fuerza del crecimiento económico basada en el ingreso petróleo y en la expansión del gasto público se agotó, desde luego, nada que no hayamos previsto. El gobierno y otras fuentes menos informadas tipifican el status actual de economía como recesión, nada más alejado de la verdad.
Recesión o contracción, cual es la diferencia: Son políticas sus causas.

La recesión es un fenómeno económico de stress y angustia en el aparato productivo producido por una caída del ingreso y crecimiento del desempleo, fenómenos que ocurren simultáneamente, pero esas fuerzas que retrotraen el crecimiento económico, son las mismas que lo reenvían de nuevo en crecimiento, como es posible observarlo ya en el mundo, particularmente en los países latinoamericanos -no petroleros!!; cuando estos reinician su recuperación económica, nuestra economía se hunde en una severa contracción de la cual el gobierno al parecer aun no se da cuenta.

La economía venezolana se contrae por razones esencialmente políticas, sobre todo porque el agravante de la caída en los ingresos petroleros, los precios del petróleo, se han recuperado rápidamente a finales del 1er trimestre del 2009, superando así el impacto inicial negativo sobre el ingreso petrolero ocurrido en el 4to trimestre del 2008, cuando debido a la crisis financiera la economía mundial entro en recesión y la demanda por petróleo se encogió.

Los controles y la descapitalización del aparato productivo

Las razones políticas mencionadas arribas tienen que ver con el marco restrictivo y contractivo de un proceso político denominado revolución socialista, donde el deterioro y perdida de los derechos de propiedad ocurre no solo por debilidad e incertidumbre del marco jurídico, sino porque el gobierno estatifica, nacionaliza y expropia bienes privados para transferir su renta al Estado, iniciando así al mismo tiempo, la descapitalización de esos sectores económicos nacionalizados; a saber, petróleo, comunicaciones, banca, cemento, electricidad.

Este proceso de descapitalización se une al que ya arrastra PDVSA desde hace unos anos, dado que la renta petrolera se desvió totalmente al fisco, con lo cual la industria petrolera estatal desinvierte, ocasionando la caída de la producción -fenómeno que cubre con los elevados precios- para que su renta vaya al gobierno, quien la derrocha, corrompe y gasta con la mayor ineficiencia alguna vez observada. La descapitalización mencionada se agrega la des empresas de Guayana, acero, ilumino y otros son sacudidos por corrupción e ineficiencia, y nacionalización, pese a que la industria del acero en Guayana se había recuperado desde su privatización a mediados de los 90.

Descapitalización y ruina de la economía de la gente -sector privado.

Al lado de esos sectores económicos en manos del Estado, ocurre desde hace diez años la lenta y ahora acelerada descapitalización del sector privado, acosado políticamente por expropiaciones, invasiones, y la creación de un marco jurídico que destierra y penaliza la actividad económica privada, convirtiéndola en pecaminosa, a juzgar por la retorica oficial y la misma arenga acostumbrada del discurso presidencial. Todo ello unido a políticas públicas dirigidas a empobrecer al sector privado atenazado en un entorno de controles de precios y de cambio, que en apenas cuatro anos, la participación del valor agregado nacional en la economía cayó en un 50%, el ingreso petróleo y la abundancia de reservas internacionales convirtió a la economía venezolana en un colosal bazar donde todo se importa; es decir, tendremos pan hasta que tengamos dólares!!

En Venezuela, el gobierno conduce una revolución hacia el socialismo, el Estado se va adueñando de todo, compra, expropia, y por ello crece sin paz ni misericordia y sin frontera. No existen las racionalidades fiscales de un régimen político controlable - y legislativamente balanceado- que tenga que respetar reglas fiscales, estas obligarían al Estado más bien, a disminuir el tamaño, para permitir que la economía de la gente -sector privado- crezca sin los limites que le impone el Estado “socialista”. La discrecionalidad para gastar es infinita, el presidente y la AN legislan para facilitar esa discrecionalidad, la que trae sus hijos legítimos, el despilfarro, la ineficiencia y la corrupción, además del desplazamiento del sector privado, los fenómenos que llevaron curiosamente al gobierno al inicio del proceso de estatificación del sistema financiero privado.

La irresponsabilidad fiscal conduce a la ruina

Muy lejos, antes de asumir algo de responsabilidad fiscal dado el impacto negativo en los ingresos petroleros fiscales durante el 3to trimestre del 2008, el gobierno no se condujo en concordancia con la caída de la renta fiscal; antes, por el contrario, quiso compensar la caída del ingreso fiscal, incrementando colosalmente el endeudamiento público -cerca de 17% en términos del PIB- durante apenas unos meses del 2009, con ello se vivía la ilusión de compensar la caída del ingreso petróleo, una cuenta mal sacada tanto por los ministros de la economía y el BCV, aunque en honor a la verdad, las cuentas del cálculo socialista nunca son buenas.

Y así, en lugar de disminuir el gasto para que la economía entrara en un proceso de recesión “normal” -como si lo hicieron los vecinos de la región, por ejemplo- y luego recuperarse, al ritmo de recuperación de la economía mundial, decidió desplazar al sector privado de las escasas fuentes de financiamiento; se chupo, literalmente, en deuda pública -en dólares y bolívares- los fondos y las finanzas disponibles en el mercado financiero -de por sí, ya escasos por los controles que sobre la economía impone el gobierno.

De esa manera, en lugar de dejar que las fuerzas de la economía, y particularmente del sector privado retornaran de la recesión, como ocurrió en la región, y como lo apuntan los libros, la agenda política del gobierno, y desde luego, ciertas “unintended consecuences” (consecuencias no intencionadas) profundizaron la contracción económica. Acotemos que hemos cambiado el termino recesión por contracción, para diferenciar lo que ocurrió en el mundo normal con la entra y salida de la recesión, a lo que ocurre cuando las políticas públicas están dirigidas a aplastar y achicar las fuerzas del crecimiento económico de la gente, del sector privado.

Se agoto el modelo socialista de crecimiento: expansión del gasto público

Lo demás es historia, la economía Venezolana retrocede considerablemente, y con el síndrome de mostrar agotado las fuerzas del crecimiento económico del sector privado, porque sencillamente esta arruinado, lo ha sustituido un bazar global, impulsado por CADIVI, los controles de precios, y el debilitamiento de los derechos de propiedad. Un marco jurídico contrario a una economía de mercado unido a un espectro de controles y decretos dirigidos a apartarlo de la actividad económica ha minado severamente el aparato productivo privado.

Por ello, el crecimiento negativo se profundiza, mientras, por ejemplo, el resto de los países del área y de otras latitudes, ya están de salida de la recesión, sujetos más bien a las vicisitudes de la economía mundial, Venezuela se adentra peligrosamente en una contracción económica políticamente secular.

La caída del ingreso petróleo, sirvió al gobierno para afincar los controles y acelerar con ello la descapitalización del sector privado y de empresas públicas, entre ellas PDVSA y Guayana, lo cual habla por sí misma de la naturaleza de ese fenómeno contractivo de la economía, donde las estimaciones del BCV - a nivel agregado- se quedan cortas. Los indicadores de consumo agregado nacional e inversión privada lo muestran de manera brutal, como el gobierno con controles y perdida de libertades económicas, ha arruinado la economía nacional. Así, aprovechando los precios del petróleo el “socialismo”, a través de su dueño específico, el Estado, comenzó a comprar al capitalismo, a sus empresas, principalmente extranjeras, así entran en propiedad del Estado y bajo control político de la nomenclatura que gobierna y dirige la revolución, empresas petroleras, cementeras, comunicaciones, electricidad y bancos, para nombrar los rubros más visibles. A los -capitalistas- criollos se les aplica la metodología “Che Guevara” se les expropia, se les golpea, sin compensación, y a quienes no se expropia por razones administrativas y logísticas, se les quiebra, arruina, empobrece, es decir, se les descapitaliza.

Destrucción del capitalismo criollo: descapitalizando vía apartheid económico y comercial

Para ello, se utilizaron, y utilizan por vía administrativa, -decretos, leyes, y cuando al gobierno abandona la violencia institucional vía leyes, decretos, utilización de instrumentos económicos, a saber; congelación de precios y desplazamiento de los mercados de la empresa privada al Estado. En este último caso, el desplazamiento del sector privado nacional, por parte del Estado, del mercado internacional.

Así se tiene, por ejemplo, el “modelo” utilizado de ingreso al MERCOSUR, y el de la muerte de la Comunidad Andina, y ahora la liquidación de las relaciones económicas con Colombia y Perú y el debilitamiento de las relaciones económicas con otros países del área. Esas decisiones han sido solo motivadas políticamente, en virtud del tenor destructor con que el gobierno decide en materia económica. También se utilizan las invasiones de fincas y las expropiaciones, todo en conjunto ha reducido por ejemplo, el rebano en pie del principal insumo proteico animal en Venezuela, el ganado vacuno, se ha reducido en una 50 %.

Productos agropecuarios de importancia producidos nacionalmente o importados por la entonces pujante agroindustria venezolana, han pasado a ser suministrado por el Estado, con importaciones que el propio Estado, ahora como agente importador que sustituto al sector privado- de carne de Nicaragua, Cuba, Brasil, Argentina y Uruguay, socios comerciales del Estado Venezolano. El azúcar y el arroz, el maíz, sufrieron la misma suerte de la carne y leche.

La incorporación de Venezuela al Mercosur tiene ese objetivo estratégico servir y transformar al Estado -como propietario y agente económico- en importador cautivo de vitualla provenientes de los países del Sur. La salida del acuerdo de Cartagena (Mercado Andino) y la eliminación del intercambio comercial con Colombia y Perú, tienen el mismo propósito destructor de acabar con la actividad privada y su intercambio, con quien fuera el segundo socio comercial de la economía venezolana, incluidas empresas publicas de Guayana y PDVSA.

La descapitalización y la ruina, vía los controles de precios y de cambio

El otro instrumento de administración económica destinado a descapitalizar al sector privado, ha sido el control de cambio, el cual ha servicio no solo para acunar una monumental corrupción, sino para seleccionar el objetivo de descapitalización penando a sectores privados por razones políticas, a la industria agroalimentaria, un consumidor de materias primas importadas ha sido substituida, la harina de maíz para arepas y concentrado para alimentos animales han sido ejemplos importantes. Igualmente con la sustitución de los importadores naturales de leche en polvo que ayer la utilizaban para las bebidas lácteas, ahora el Estado es proveedor de aquellos que son sus clientes, así como de sus propias empresas lácteas que con ferviente amor político controla la nomenclatura.

El caso de los bancos expropiados por el gobierno es típico de estas políticas selectivas de descapitalización, con ella se ha ido al nervio de grandes economías privada en el ramo de agroalimentación por ser importadores de insumos agropecuarios.

A través del control de cambio se descapitalizo el sector automotriz, el cual producía hasta hace diez años el 79% de los vehículos vendidos importando el 75 % del CKD (insumos de la industria automotriz) para producir nacionalmente los vehículos demandados. Hoy después de ese intenso proceso de descapitalización, el 75% de los vehículos se importa en ruedas, una buena cantidad de empresas de ese ramo han cerrado, otras están amenazadas, y más de 20.000 trabajadores de esa industria han sido lanzados al mercado laboral informal a aprender otro oficio (vender pantaletas en una esquina, cuando ayer eran ensambladores de vehículos). Así se ha descapitalizado el sector automotriz de partes y respuestas hoy importador de partes de mala calidad, y en manos de CADIVI o importadores vía mercado paralelo donde los respuestas legítimos y otros se consiguen a precios superiores que en el mercado internacional del dólar/euro/yen.

Otro sector severamente descapitalizado es el sector textil productor de tejidos, (grandes telares han cerrado en estos años de revolución). EL sector de medicinas y fármacos también sufrió su descapitalización, Venezuela (el Estado) importador de medicinas genéricas - de dudosa reputación- de Cuba, Brasil y la India y una buen cantidad de laboratorios nacionales que servían de conexión nacional a los grandes laboratorios internacionales han tenido que cerrar. Es importante señalar que la descapitalización del sector privado inducida no solo por la administración del control de cambio, en general el fenómeno circunscribe un proceso de precios relativos que implica a una tasa de cambio, -bajo control- sobrevaluada que resta incentivos ye estímulos a la producción nacional para impulsar la demanda por dólares menos costosos en CADIVI. Al final, lo peor de los dos mundos, inflación y escasez, precios altos porque estos se arbitran en el mercado permuta, y escasez porque la demanda no puede satisfacerse en esas condiciones de restricciones.

El desiderátum de la descapitalización del sector privado: el “cronism” (*) y la corrupción

El impacto en corrupción es evidente, dado que esa demanda además de hacer costosa las importaciones porque el bolívar cuesta la tasa oficial de cambio más la mordida, ello trae consigo un impacto inflacionario implícito porque la demanda por el bolívar de CADIVI que se incrementa exponencialmente se expresa en un alza del precio del dólar en el mercado permuta, y ello va directamente a impactar los precios -inflación. Es lo que hemos visto ocurre continuamente desde el 2004 y que ha colocado a Venezuela como una de las escasas economías inflacionaria del mundo, después de Zimbawe.

……………y la descapitalización del capital humano y la ruina del trabajador.

La cuenta de sectores económicos descapitalizados es aun más larga, solo presento algunas de las más importantes para poder proyectar el grado de ruina y empobrecimiento, y porque empobrecimiento? Pues porque el impacto de esa descapitalización en el ciudadano de a pie es la pérdida de su oficio especializado logrado tanto en la empresa como en las academias especializadas, para convertirse en un buhonero o trabajador ocasional, susceptible de ser cliente primario de los programas sociales y políticos de la revolución, léase misiones. El empobrecimiento del capital humano, es evidente, porque el empleo, semi o especializado ha sido abandonado por cierre de la empresa para convertirse en un vendedor de pantaletas. Se acota que ese fenómeno ha afectado el 35% de la fuerza laboral activa -empleada.

Ese fenómeno de empobrecimiento del capital humano, es que el subyace al empobrecimiento global de la población, dado que el cierre de los puestos de trabajo de mayor salarios e ingreso ha permitido o estimulado la apertura de puestos de trabajo de menor remuneración, o del empleo de supernumerarios del plantel laboral público (gobierno y empresas del estado) en misiones u otros programas sociales y políticos.

Es importante destacar que el empobrecimiento global de la población tiene efectos sociales colaterales con impacto político, dado que el empleado cesante de su oficio primigenio, se convierte en un cliente obligado socialmente de los programas sociales del gobierno. al mismo tiempo que un ente político pasivo pero soporte de la única fuente de ingreso que ahora dispone, los fondos públicos. Esto explica claramente el impacto en el gasto público y de las empresas del Estado por una caída del ingreso petrolero y en cierto modo explica el enorme endeudamiento demandado por el gobierno desde Noviembre del 2008 cuando el ingreso petróleo se vino abajo por la caída en los precios del petróleo.

(*) Crony: del griego/ingles; un merchante, negociante amigo de alguien que tiene poder político/gobierno y en consecuencia un beneficiario -rentista- del gobierno/ministros/funcionarios públicos.

Las finanzas publicas inestables, en camino a problemas de pagos y refinanciamientos de la deuda denominada en bolívares

Ese incremento colosal de la deuda pública y del endeudamiento de PDVSA que para los efectos es lo mismo dado que PDVSA es una empresa del fisco, es decir, del gobierno, ha servido para que la escasa liquidez monetaria que podría alimentar la demanda por fondos y crédito para el sector privado, se desvié hacia el gasto del Estado, un fenómeno que la teoría económica conoce como crawding out, y con ello se reduzcan los fondos financieros al sector privado. Acotamos que el endeudamiento del sector público, gobierno y PDVSA, es parte de la agenda del socialismo, porque drena recursos financieros del sector privado hacia el sector público, aunque el precio a pagar sea impulsar la descapitalización y desinversión del sector privado. El impacto en el empleo por parte del sector privado es considerable, sin que el Estado tenga la capacidad para absorber los trabajadores cesantes del sector privado, por cierre de empresas y contracción.

Como se puede apreciar, la caída del crecimiento económico en Venezuela tiene poco que ver con la “crisis internacional”, el empobrecimiento y la descapitalización son dos procesos inherentes a la agenda del socialismo, todo para el Estado, sin que este pueda compensar la pérdida de capital del sector privado por cierre de empresas o por contracción.