¿QUIÉN arruinó a Venezuela? de Francisco Alarcón

Venezuela siempre fue un país con grandes recursos naturales y con grandes perspectivas para el desarrollo de su economía. Hubo fundadas esperanzas para que el país saliera adelante con tan colosales ventajas que la naturaleza le proveyó. Todo era virgen, estaba allí, como para que una mano milagrosa y seres racionales procedieran a su explotación legítima, beneficiando a los nacionales y fuéramos una nación próspera modelo del Continente. Pero todos sabemos no fue así, vivimos momentos de ficticia prosperidad sin que verdaderamente los venezolanos se abocaran a trabajar por la grandeza de su patria. Esto parecía un sueño para la idiosincrasia del venezolano, quien eternamente esperó que de forma providencial le llovieran las cosas del cielo, y quizá imaginaron era lo que había ocurrido con esta “revolución” cual los atiborró de promesas y en los mejores momentos de la bonanza petrolera, favoreció a algunos como para que las calles de Venezuela se colmaran de carros nuevos. Siempre se dijo que el nativo era desafecto al trabajo y por ello, precisamos de mano de obra importada para adelantar las jornadas azarosas de esta región poblada de flojos. Llovió dinero y créditos en algún momento, las ofertas se multiplicaron y se enriquecieron fortuitamente individuos que de ningún modo lo soñaron. Para ellos no hubo imputaciones ni acusaciones, la Contraloría “desconoce” ese mundo que aflora a diario en los negocios con el Gobierno. Pero nada pasa ni pasará a menos que se indispongan con el régimen o a éste no les convenga mantenerlos más entre sus colaboradores, es la ampulosa boliburguesía sin la que “la revolución” no logra sostenerse y que viendo ahora cómo se acaban los dólares se abre paso hacia otras latitudes. El “socialismo del siglo XXI” va dejando de ser rentable y sus grandes fortunas precisan seguridad, de una “guarimba” donde no puedan ser tocadas en el momento que llegue un cambio, que ocurrirá para quienes hayan regalado los haberes públicos, o se los hayan gastado en provecho propio. Este lapso tocará inexorablemente; las Cuentas Nacionales de Venezuela se difuminaron sin que haya una contrapartida de inversión, sin que ciertamente existan registros de la realidad. Aquí habrá que auditar todo y a quienes malgastaron las arcas públicas. Es una situación cercana cuando advertimos una nación rica en ruinas, donde los sospechosos no son sospechosos sino paladinamente derrochadores a la vista del público. Una “revolución” que alcanzó celebridad por sus despilfarros y no por sus logros, donde los robos más grandes del pasado quedaron minimizados ante mayores hurtos. Cuando todo está al descubierto y no se termina de revelar, cuando los venezolanos son tildados de pícaros donde asoman las narices.

Empero, hay un comunismo en marcha viendo la quiebra cercana de la nación. Ese que se apodera de los últimos vestigios rentables de nuestra economía y que amenaza desde el más lánguido buhonero o carnicero hasta el próspero empresario. Ese que no come cuentos para llevarse preso a nadie y donde los funcionarios del Gobierno están prestos para dar las órdenes inflexibles. Nunca antes Venezuela vivió tanto desasosiego, nunca antes los temores ante la escasez fueron mayúsculos. No hay comida, medicinas y los servicios regulados. ¡Ah mala calidad de vida! es ostensible, las ciudades del país baten récord de peligrosidad y violencia, los muertos aumentan semanalmente. Mientras esto ocurre, existe el otro mundo de los ricos, de los boliburgueses, de los recién vestidos camaradas que se afanan en salvar sus fortunas. Pero ya nada hay que hacer, a ellos pareciera no alcanzarles la justicia, se acabaron los reales y el poder hay que resistirlo a como dé lugar y la mejor manera es utilizando la receta cubana, envileciendo nuestra moneda, desligándola de la paridad cambiaria. Sólo faltaría un Che Guevara para que con sus polainas montadas sobre el escritorio se encargara de gerenciar el Banco Central y de burlarse de los nativos colocándole su firma a los billetes desvalorizados que, circularán en el ámbito nacional para que los pendejos puedan hacer sus “compras”. Es la “revolución” compadre que llegó para quedarse con todo y permitir que esa boligurguesía que floreció en algún momento, nos dejara en la miseria

El efecto Alka Seltzer de Teódulo López Meléndez

De repente el hombre de la transición parece observar los destellos del futuro y como en un proceso de acrecentamiento recibe los materiales de su expansión. Aplico algunos términos propios de la astrofísica para describir el crecimiento del hombre contemporáneo hacia nuevas formas políticas. En efecto, vivimos momentos muy similares a los de la formación de los planetas, en el sentido de la atracción y encaje de diversas piezas flotantes. En el campo de la política parece existir el convencimiento del cansancio, pero también el de la zona del limbo, uno en que el viejo procedimiento y la manera de concebir no desaparece y no termina de cuajar la claridad del mundo nuevo.

Se produce el relámpago del alerta y el hombre de la transición siente el atractivo de ver manifestada en fórmulas concretas sus ansias, las que le ofrecen nuevas formas de respuestas en el modo de conducir la organización social, especialmente en lo que se refiere a las manifestaciones político-estructurales. La primera reacción es la de la alegría, la de la celebración de ver ante sus ojos la nueva forma de entender la política, la nueva manera de concebir al liderazgo y el planteamiento real y efectivo de las nuevas ideas.

Los estudios de opinión comienzan a mostrar el entusiasmo y la esperanza, especialmente en los sectores jóvenes de la población, aburridos y cansados de las viejas prácticas, los mismos que alegan su desinterés por el destino colectivo por la repetición, la perversión y de los desvíos de todo orden ético. Efervece la alegría del descubrimiento, los ideales vuelven a brillar como motor de la vida, por momentos se tiene la certeza de la novedad, la emoción del descubrimiento, la sacudida del letargo y los jóvenes se identifican de nuevo con la política, con la posibilidad de un mundo regido por parámetros distintos y por paradigmas novedosos que disuelven el pasado en una nueva posibilidad latente.

El entusiasmo dura poco, para que los sabelotodos comiencen a hablar de efecto massmediático, de emociones de Facebook y de Twitter, de encuestas realizadas en la vida de Internet y no de la realidad real. Esa emoción, en efecto, se apaga; quienes esperanzados miraron el planteamiento transformador lo dejan en el camino y vuelven a sus hábitos de indiferencia. En otras palabras, no concretan los sentimientos que los animaron, no van a votar, no ejecutan el cambio, se diluyen en lo que en este texto he dado en llamar el efecto Alka Seltzer.

Se trata ahora de unas encuestas que reflejan literalmente lo que no ha de suceder. Esto es, no se trata de que estén amañadas o de que sean realizadas sin el habitual rigor. Se trata de que el momento de evaporación de las burbujas de la pastilla para la digestión es tan efímero que casi estamos llegando al momento de hablar de la imposibilidad de medición real y efectiva de la intención electoral de una población dada. Si bien se acepta que una encuesta refleja un momento específico, no es ese el argumento válido para reflejar lo que está sucediendo. Uno llega a plantearse si se requieren elementos sociopsicológicos incorporados a las viejas maneras de determinar la intención de voto o si la complejidad de los tiempos de transición convierte en misión imposible el adelantarse a los resultados de una consulta electoral.

No obstante, el futuro económico de las encuestadoras o su adaptación a un tiempo movedizo será problema de los interesados y de los planificadores de campañas electorales y de quienes quieran saber los entresijos de los electores para adaptar a ellos la procura de apoyo. El asunto del fondo de este período de transición y la llegada definitiva del futuro es el que nos interesa. Es el porqué sucede, especialmente entre los jóvenes, el efecto Alka Seltzer, el problema de fondo. Se distraen rápidamente del objetivo de sus ilusiones políticas, pero debemos comenzar por advertir que son así en todos los aspectos de la vida. La quema de adrenalina parece exigirles nuevos estímulos a cada instante, no sin admitir la existencia de excepciones en aquellos que permanecen sobre el atractivo nuevo planteamiento. La necesidad de estímulos exteriores pasa por una concepción de la existencia misma producida seguramente por nosotros los adultos en nuestros fracasos de haberles entregado un mundo más adecuado a sus sueños. A pesar del éxito que individualmente hayamos podido alcanzar hemos incurrido en la manía positiva de atosigarlos de deportes, de alternativas educativas de todo tipo, de necesidad de adrenalina. En los sectores más pobres de la población este requerimiento viene obviamente de otras causas pero es muy similar, como la necesidad imperiosa de producir ingresos o de asumir tempranamente responsabilidades familiares pesantes.

Lo efímero se siembra en la mentalidad de estos tiempos de intemezzo o de interregno. Hay que vivir con tal prisa y obtener las satisfacciones a tal velocidad que el condicionamiento propio de los procesos sociales parece gozar de una lentitud no atractiva. Abandonan rápidamente, se disuelven en el vaso de agua cual Alka Seltzer, duran un segundo en su consistencia. En otros casos, es también obvio, son atrapados por los viejos modelos, por las antiguas concepciones y un pragmatismo devorador y sin ideas los lleva directamente a entregarse de cuerpo y alma a lo conocido y a lo aparentemente práctico. Es el caso de los líderes del primer gran movimiento estudiantil contra el presente régimen venezolano, idos casi todos a militar en los partidos tradicionales porque “sin partido no se puede hacer carrera política”. Terminaron devorados por las partidocracias en sus ilusiones de utilizar el aire de la rebelión juvenil como instrumento para ocupar cargos de elección popular.

Abandonan el desafío con rapidez o porque se distraen con la inmediatez de la vida que los reclama al benessere o a la satisfacción personal o por el convencimiento de que la ilusión era vana, que fue simplemente un espejismo y no puede ser verdad lo que los llenó momentáneamente de interés, de manera que sirvió sólo y simplemente para un momento de renacer de un autoengaño. Son los más, sin que falten los que “reflexionan” sobre la supuesta practicidad de la vida y regresen de inmediato a lo “seguro”, a lo conocido, a lo establecido donde se mantienen las generaciones anteriores.

El asunto no es, entonces, un mero problema de las encuestadoras y de sus dueños, transformados, por la ausencia de políticos verdaderos, en una suerte de profetas u oráculos que dicen lo que hay que hacer. El asunto es la invención del pegante, del fijador, del elemento que amalgame y mantenga la ilusión despertada en una verdadera fuerza del cambio que arribe a la materialización real y efectiva del futuro encarnado en las nuevas formas de pensar y ejecutar la política. Quizás de este descubrimiento dependerá que el nuevo mundo nazca o que se prolongue el limbo del interregno y veamos a la juventud disolverse una y otra vez como un Alka Seltzer lanzado en un pequeño pozo de agua remanente de un pasado que nos frustra y envilece.

teodulolopezm@yahoo.com

DEMOCRACIA O BARBARIE de Juan Páez Ávila

El debilitamiento, y en algunos casos la liquidación, de las instituciones fundamentales de la democracia, la violación frecuente, y en algunos países permanentemente, de las leyes, es decir, la inobservancia de la Constitución Nacional y de los tratados internacionales firmados por la mayoría de los países del universo, colocan a varias naciones en la vía hacia el totalitarismo.
Como un alerta sobre los peligros que corre la democracia en el mundo de hoy, especialmente en Latinoamérica, Fernando Mires acaba de entregar a sus lectores, el último o uno de sus últimos libros, Democracia o Barbarie, en el que examina las variantes y modalidades políticas que los partidarios de las dictaduras del caudillismo decimonónico y del capitalismo de Estado del siglo XX, utilizan para intentar liquidar la democracia e imponer la barbarie personalista, militarista y dictatorial.
Sin que sea algo nuevo, porque durante la primera mitad del siglo XX, el fascismo en Italia y el nacionalsocialismo en Alemania, emergieron a través de una fachada electoral y un lenguaje democrático, para establecer feroces dictaduras, derrotadas sólo por los Aliados al final de la Guerra Mundial. En América Latina y en el Tercer Mundo se corre el riesgo de una regresión a la barbarie, si las fuerzas democráticas no son capaces de unirse en la defensa del imperio de la Ley nacional y de todos lo convenios internacionales que tienen como mandato el respeto a los Derechos Humanos y en general a la preservación de la democracia.
Y aunque Mires destaca la derrota del fascismo, del nazismo y del comunismo y su difícil retorno con crímenes masivos y campos de concentración, observa y analiza con la perspicacia del investigador social y del filósofo y pensador político, los intentos de destrucción de las libertades públicas y de la propiedad privada para dar paso a un capitalismo de Estado que no sólo fracasó en la Europa comunista, sino que también llenó de pobreza y miseria a millones de personas, que si no quedaron desempleados, ganaban salarios de hambre.
En este aspecto no hay dudas que nuestro país queda claramente reflejado. El Presidente de la República, Hugo Chávez, cree que sus políticas económicas y sociales pueden resucitar el socialismo soviético del siglo XX, con el nombre de socialismo del siglo XXI, pero empuja a la sociedad venezolana hacia la eliminación de la independencia de los poderes públicos, concentrándolos todos sus manos, la conformación del capitalismo de Estado, a la cubana, con su secuela de improductividad y pobreza, bajo la égida de una dictadura con más de cincuenta años de persecución, cárcel y exilio.
La judicialización de la política, con el enjuiciamiento, persecución, exilio forzoso o la inhabilitación para postularse a algún cargo de elección popular, de los adversarios políticos del régimen, sobre todo cuando tienen posibilidades de derrotar a los candidatos del oficialismo, son indicadores muy evidentes de la tendencia totalitaria del gobierno de Hugo Chávez, que además de ser denunciados, deben enfrentarse con coraje y firme decisión democrática.
La alerta de Mires llama a los venezolanos a actuar unidos alrededor de una Alternativa Democrática en las elecciones para la Asamblea Nacional, el 26 de Septiembre. Su libro Democracia o Barbarie merece la más amplia recomendación para los demócratas del país, especialmente para quienes tienen la responsabilidad de la conducción de la política nacional, regional y local, en estos tiempos turbulentos y decisivos para el futuro de la democracia venezolana, e incluso Latinoamericana..