La revolución sin nombre de Francisco Alarcón

Todas las revoluciones tuvieron sus nombres unidos a un hecho histórico importante, o a través del tiempo se identificaron por los cambios sociales que introdujeron. Hombres e ideas se desplazaron en los anales de la humanidad para dejar su huella indeleble. Contrariamente a lo que acontece en la Venezuela actual, donde ocurre una “revolución” sin nombre, farisea y llena de vicios. Sin movimiento popular que la acompañe, sin masa trabajadora que la equilibre, sin arraigo en los sectores estudiantiles y sin nada que aportar en el orden ideológico. Puras pamplinas, puro derroche y anarquía, eso es lo que apreciamos, además de mirar un país desolado por sus cuatro costados. Para la historia será un absurdo cuando esto termine, habrá que ponerle unas cuantas páginas negras para cancelarla o tendremos a ulteriores, excelentes revelaciones sobre lo que fue el mayor ciclo de corrupción en Venezuela. Un período muy largo para el desdén y muy corto para haber acabado con todo; los descubrimientos llegarán como llegaron siempre a posteriori, para confirmar la desgracia ocurrida con todos sus pormenores. Existirá material suficiente para llenar páginas de narraciones que se confundirán con la ciencia ficción, con los imponderables rastreos de una situación totalmente irregular, sin nombre.

No se podrá identificar como el “socialismo del siglo XXI” porque sería un denuesto al socialismo y al propio siglo, tendrá un instigador pero no un realizador sin que dejara vestigio de algo concreto. Un asalto callejero, un secuestro o un robo no lo recoge la historia como tal sino las páginas de sucesos de los diarios. Un asalto a un país por supuesto que reviste trascendencia para castigar a muchos culpables, un secuestro a la población es un hecho más que punible pero no lo bastante para abortarlo en relatos de carácter científico.

Claro está se pondrá en evidencia que por muchos años en este país los hombres de ideas fueron proscriptos y quienes mandaron no tenían nada que aportar ni discernimiento. Así veremos cómo esta “revolución” sin lucha de clases y sin planteamiento alguno que se ajuste al marxismo, no logrará dejarnos un nombre importante que haya descollado en algo, ni uno sólo. Así como sucede con las “obras” y mantenimientos del Estado, esto es un basurero, simplemente es eso; de torpeza infinita y de ocurrencias disipadas. Puras mentiras, un desierto de falsedades.

No habrá ni recuerdo que evocar ni siquiera de lo cotidiano, como decían algunos verbigracia, los mejores carnavales fueron los de la época de Pérez Jiménez. Quien no se metía en política, Gómez tampoco se metía con él.

Es un suplicio vivir en la Venezuela presente, menoscabada, igual será un suplicio para la historia llenar este bache que no sabemos cuándo finalizará, pero que nunca anduvo por buen rumbo.

No sé por qué se empeñan en defender tantos disparates, como hablar de burguesía y de clases dominantes, lucha de clase, clase obrera, cuando nada de eso existe en este mustio lugar. La tradición venezolana es resaltar como clase dominante o burguesía a los aventajados negociantes que viven del Estado, del Estado ruin o vigoroso, donde más ha prevalecido el primero. Eso es lo que se conoce para designar siempre la nueva burguesía que se alimenta del régimen de turno y que engorda a sus expensas. Mientras avanzan las fantasías o la peste revolucionaria que nos invade desde tierras antillanas siguiendo la farsa mayor, que haya podido tener el comunismo y que seguramente Mark desde distante sitio debe estarles sacando la madre a tan incapaces “seguidores”. Pues así son y serán los adictos de la revolución sin nombre: apostatas sin sensibilidad

Si esta “revolución” hubiese arrancado con gente de cierta preparación y nobleza, el desastre de Venezuela seria menor y seguramente tendrían algo que mostrarle al mundo más que mentiras y corrupción. Igual ocurre en el campo de las ideas, existiría algún mensaje para creer en un proceso que pudo haberse perdido por imposiciones de la oligarquía, y no inversamente ver la realidad infecunda del país más rico de Suramérica. Así morimos ante la intervención de mercenarios cubanos y complacientes xenófobos venezolanos hoy adheridos al “comunismo” y de manifiesta incapacidad.

El efecto fútbol de Teódulo López Meléndez

Una especie de patología masoquista se ha apoderado de buen número de venezolanos, a diferencia de la alegría que parece ocupar a una parte importante del planeta. En las redes sociales puede encontrarse una queja sobre lo que sucede mientras vemos el Mundial de Sudáfrica. Se alega que tal cosa ha sucedido mientras veíamos tal partido, en una constante de autoflagelación que me ha llevado a preguntar en más de una ocasión que cosa veían los compatriotas antes de que comenzara el gran evento deportivo mundial.

Se alega que el régimen se aprovecha de nuestra distracción con el fútbol para hacer carambolas y maniobras, pases y corte de salami, avances y rebanadas de lo que va quedando, como si antes el régimen hubiese estado en la quietud, en la inercia, en una especie de inacción patética.

Esta sensación de culpa pudiera responderse, de igual manera, preguntando qué diablos deberíamos estar haciendo en lugar de sufrir por la derrota alemana o por el hundimiento de España en su primer partido. Como antes del Mundial, al igual que antes del Mundial, no estaríamos haciendo otra que lamentarnos, porque lo que sucede no se le debe a él, se le debe a que aquí tenemos un equipo sin director técnico, sin atacantes y sin defensas.

No somos más que un grupo dedicado a llorar los goles del adversario, a buscar escondrijos donde justificar la propia impotencia. La psicología de buena parte de los venezolanos va a refugiarse en la autoacusación, en la pretendida culpabilidad por sentarnos frente a una pantalla a ver las hazañas y fallos de los jugadores que pueblan Sudáfrica y el planeta todo.

Es más, tal distorsión encuentra otros canales, como referirse a Maradona como Maradroga o simplemente drogadicto o extrapolar la intimidad del gobierno argentino con el régimen de aquí para desatar una fobia contra la oncena albiceleste. Patología, es la única palabra posible, puesto que quien sale de las drogas tiene méritos enormes y en el caso de Maradona puede afirmarse que la inmensa responsabilidad que le pusieron sobre los hombros lo ha hecho madurar aceleradamente. Maradona no es un drogadicto, es un exdrogadicto y quien se levanta debe ser reconocido. Es más, esto puede emparentarse con la pérdida de las más esenciales condiciones humanas. El hombre serio que está dirigiendo a la perfección a su equipo merece respeto y colocarlo en la picota por sus desplantes políticos, como el de la vecindad con el régimen venezolano, parece una muestra de una seria enfermedad de odio, de una enfermedad disociadora, distorsionante, de una que puede llamarse con exactitud alienación.

He dicho que los venezolanos exigen acción, pero no quieren que nadie actúe. De allí comienza la explicación del fenómeno masoquista del que somos testigos. El pueblo venezolano, como cualquier pueblo de la tierra, tiene derecho a disfrutar del evento sudafricano sin descuidar nuestra preocupación de la atenazadora y peligrosa realidad que nos envuelve, pero la impotencia aprovecha el evento para encontrar causes, como el que todo sucede porque miramos los partidos. No, todo sucede porque el régimen se mantiene en su proyecto y el mundial le va a durar hasta septiembre y mientras tanto este equipo sin atacantes ni defensa ni director técnico recibirá goles a montón, como los seguirá recibiendo después de la fecha mágica de la supuesta llegada del rey sobre el caballo blanco, posterioridad para el cual habrá otro evento que les permita seguir haciendo goles a la población que se da golpes de pecho quizás en busca de su propia absolución, pues la culpa no está en mirar el mundial, la culpa está en el abandono de toda resistencia al régimen opresor.

El efecto fútbol ha servido para mostrar a un país en sus falencias, en sus contradicciones, en sus complejos, en su impotencia. Como el náufrago mira a quien lo acompaña en la isla desierta como su espejo y en la imagen quiere depositar todas sus frustraciones y culpas. Por supuesto él no tiene la culpa, es que sus compatriotas están mirando el fútbol en lugar de hacer algo, aunque nadie sabe qué deberían estar haciendo; es más, si alguien propusiera hacer algo sería rechazado de inmediato, dado que existe la fecha mágica en que el rey llegará sobre su caballo blanco a restituir el viejo orden perdido.

Se desviven contra la MUD porque no habla y menos hace, lo que es cierto, mientras afirman que tal país será el campeón, para momentos más tarde asegurar que durante el partido tal PDVSA gastó tanto en comida podrida, mientra nosotros, pueblo distraído, miraba el fútbol. ¿Entonces? ¿Dónde va a ir a parar esta opinión pública descompuesta, desarmada, este equipo que no es tal, sin director técnico, sin atacantes y sin defensas?

Este equipo que no es tal carece de criterio político, carece de cultura política, es uno a la desbandada que sólo parece podrá tal vez adquirir la experiencia necesaria para esta competición arriesgada y peligrosa en una serie de revolcones interminables, en el encaje de gol tras gol.

He dicho muchas veces que estamos en el callejón sin salida donde nos metieron a la fuerza obviando todo acto de resistencia. La protesta brota de la boca o de las redes sociales a manera de desahogo quizás contra sí mismos, en una especie de catarsis devoradora que busca explicar la indefensión. Cuando ya no exista espejo que devuelva imagen a quien culpar, cuando por efecto avasallante de la propia dinámica dictatorial nos introduzcamos en el espejo, entonces se decidirán a conformar su propia “vino tinto”, con despido incluido de todos los técnicos acomodaticios, con la escogencia de una nueva oncena que poner en la cancha, con atacantes aguerridos y con defensores impenetrables.

teodulolopezm@yahoo.com

EL DOLAR ROJO ROJITO: NO HABRA MAS DOLARES La cubanización de la economía venezolana de Alexander Guerrero


Socialismo sin dólares, para la gente



Cuesta mucho a la gente de bien, de trabajo, independiente de su actividad económica, comprender las razones por las cuales el gobierno finalmente eliminó el mercado paralelo, o dólar permuta; sobre todo porque del funcionamiento de ese mercado –paralelo- depende una buena parte de la actividad económica en Venezuela, cerca del 40%.

Sin embargo, si seguimos meticulosamente la trayectoria de las políticas públicas, la actividad legislativa, el discurso político oficial y una suerte de violencia institucional armada, en el horizonte, para todos ellos, la liquidación de la empresa privada es un objetivo; muchas veces no creído por la gente de paz y trabajo de este país, quien en su sano juicio puede creer que en estos tiempos, alguien tenía entre sus objetivos políticos acabar con las empresas de la gente.

Pero no, lo que estamos viendo ya no necesita ni anteojos ni altoparlantes.

Para el Presidente y su conglomerado de burócratas inservibles e ineficientes, la implementación de socialismo corre sobre las ruinas del capital, y este tiene propietario, como no se pudo liquidar al propietario, se procedió a descapitalizarlo, a arruinarlo.

El marco de su eliminación ha sido el fin del mercado de capitales, el cual según confesión de un diputado oficial no tienen razón de existir en el socialismo, y tiene razón, porque el mercado de capitales es un mercado donde se transan títulos, valores de propiedad principalmente privada, y estando esta en procesos de destrucción mal podría funcionar un mercado de capitales.

A esta gente de bien y trabajo, que dirige y administra empresas y su propios medios de ahorro, le cuesta aceptar esa realidad, y se ha gastado semanas enteras esperando y analizando de que manera el gobierno supuestamente reimplantaría el dólar permuta, inclusive bajo su control, sin llegar a creer insospechadamente que el gobierno realmente había enterrado cualquier posibilidad de obtener dólares en las magnitudes que el permuta permitía, el único camino abierto es ahora el llamado mercado negro, curiosamente creado por defecto por el mismo gobierno con la eliminación del dólar permuta.



El control del dinero y el corral sobre los ahorros y cuentas corrientes



El gobierno, a través del BCV y Min Finanzas asumieron el control del mercado permuta destruyendo un principio básico de los derechos de propiedad, los bonos públicos que ellos ahora administran son propiedad del sistema financiero y son adquiridos con los ahorros de la gente y sus empresas. El sistema financiero y sus líderes, aceptaron sin chistar el nuevo régimen, -la agenda del miedo es feroz y el miedo un bien público, es tan gratuitito como la luz del sol- el BCV les administra sus pertenecías de activos y establecerá los precios a los cuales esos bonos se liquidarían en el mercado, bajo la administración de un esquema que pomposamente llaman “bandas de flotación”, en realidad solo una banda dirige ese mercado; la del BCV.

Bajo esa intervención discrecional del BCV y el gobierno que fulminan los derechos de propiedad que sobre esos activos en dólares tiene la banca privada, establece un régimen de racionamiento incomprensible, económica e institucionalmente hablando, ya que esos bonos públicos denominados en dólares comprados por la gente y empresas de ninguna manera constituye un mercado cambiario donde bolívares se –destruyen o esterilizan- se dan a cambio para adquirir dólares como ocurre inclusive en el mercado CADIVI, donde los bolívares que compran dólares van al BCV afectando la liquidez monetaria.

En otras palabras, los bolívares por medio de los cuales se adquieren los bonos en dólares de los bancos nunca abandonan la liquidez monetaria, y no son esterilizados por el BCV; es decir, allí ni siquiera en el extremo se puede hablar de salida de capitales, por importación o exportación. Bajo esas premisas es incomprensible, como acotaba arriba, que el BCV controle, restrinja y mucho menos racione el número de dólares que la demanda y el mercado por la divisa disponga.



Los entretelones políticos de la eliminación del mercado permuta



Siguiendo las tesis discutidas en la AN por diputados del gobierno, uno encuentra cierto exceso de sinceridad que resuelve la incertidumbre de la gente en la calle: “en el socialismo no hay mercado de capitales, …...tampoco existen las casas de bolsas”, siendo estas microestructuras financieras satanizadas por el Presidente y su gobierno como especuladores como en una especie de paredón político donde el gobierno purga sus "malhechorias" en diseño y aplicación de políticas públicas, además de sus errores. Sabíamos que no eran errores, sino componentes de una agenda de destrucción.

La mayoría de esas microestructuras financieras han sido intervenidas, sus directivos detenidos, y puestas de inmediato en manos de una “lujosa” clase de interventores que se dispondrían a la liquidación de esas empresas, no sin antes agotar en sus gastos capital y flujo en caja. Los activos del público que participaba en el mercado de capitales con sus ahorros por intermedio de esas microestructuras financieras –casa de bolsas y corretaje- no les han sido devueltos a sus dueños, los sentimientos en el mercado son los mismos de las recientes intervenciones bancarias donde los depositantes aun no han recibido sus reales, los ahorristas sienten que sus dineros podrían perderse en medio de la agenda de destrucción.

Pasada la alharaca inicial de suspensión del mercado paralelo y cierre de esas microestructuras financieras, la opinión pública aun desconoce y espera conocer las verdaderas razones por las cuales el mercado permuta fue suspendido, la mentira como borde del discurso y acción pública de las instituciones del estado comprometidas en la revolución, no darán las explicaciones que el ciudadano demanda.



Sin razones, excepto las de destruir el aparato productivo, lo que queda de el!



Pero, desde luego que no hay razones económicas que pertenezcan a la racionalidad de la vida económica, excepto las políticas de un régimen represivo que busca eliminar a todo evento la propiedad privada. Hasta ahora el discurso político está dirigido a acusar a una supuesta oligarquía culpable que el precio del dólar en el mercado paralelo multiplicara el CADIVI (2.60 Bs/dólar) y el dólar BCV de los bonos cambiaros (4.85 Bs/dólar); en realidad la escalada en su precio, es consecuencia directa de la revolución, la inflación y el desparecido marco jurídico, ponen sobre el bolívar el martillo y la hoz de la revolución, nadie lo quiere, la demanda es por una moneda donde la revolución no tenga derecho, el dólar, o el euro.

Sin embargo tal premisa falsa de toda falsedad porque las razones por las cuales el dólar permuta escalaba en el mercado emergían precisamente de la caótica y corrupta administración por racionamiento del dólar CADIVI, y de una política monetaria que en los hechos constituía un fusilamiento del bolívar; en el fondo causado por una política fiscal gastiva e irresponsable por derroche, corrupción del propio gobierno que exigía del BCV una política monetaria facilitadora del gasto público, que desde hace unos anos ya financia el déficit fiscal a través de leyes y artilugios administrativos.

La inflación –es un impuesto, no olvidemos ese detalle- en la calle, es la resultante e estas políticas destinadas a proveer al gobierno de todos los fondos para financiar su revolución, inflación por cierto defectuosamente medida por el BCV, que la mide sesgadamente hacia la baja, bien por manipulación de los índices de precio, o por metodologías que esconden el verdadero nivel de depreciación o pérdida de poder de compra del bolívar, pero brutamente sentida por el hombre de a pie y la clase media que ve sus ingresos y salarios fulminados por esas dislocadas políticas económicas del “socialismo” y destrucción del capital. La escalada del dólar paralelo mostraba entonces, en síntesis, el impacto de una política económica absolutamente funesta, por un lado y de la agenda de destrucción del capital privado por el otro.



La eliminación del dólar permuta



En ese sentido las verdaderas razones para la eliminación del dólar paralelo o permuta, único recurso de la gente para comprar el dólar, inclusive a precio vil, dado el poder depredador del régimen cambiario –permuta incluido- creado por el gobierno hace unos anos, las encontramos en el terreno de la política y la violenta implementación del socialismo, con y por acoso a la economía privada y libre iniciativa de la gente.

El nuevo esquema del permuta, inaugurado la semana pasada, bajo fuerte presión de la opinión pública nacional e internacional, basado en la venta de bonos públicos denominados en dólares, en propiedad del sistema financiero, establece un rígido y estricto y económicamente absurdo racionamiento cuyo objetivo no es otro que intensificar la descapitalización de la economía privada.

El impacto económico contractivo por la eliminación del permuta será similar al ocasionado por la devaluación del 100% de enero pasado y al racionamiento eléctrico de estos meses. Las correcciones a las expectativas por la eliminación del dólar permuta y su sustitución por el "permuta rojo rojito" recientemente implementado la semana pasada por parte del BCV, muestran dolorosamente que la contracción económica de este año, se agudizarán.

En este sentido, y en agregado podemos estimar el costo del socialismo en términos del PIB, lo estimamos a la fecha en un 36%, nada de sorpresas por cierto, si revisamos la historia de empobrecimiento que mostró el socialismo en más de 80 años de historia en Europa y Asia, y que hoy vemos grosera e impúdicamente en Cuba, Corea del Norte y Zimbawe.


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LA PROTESTA SOCIAL de Juan Páez Ávila

La sociedad venezolana ha entrado en una etapa conflictiva, que cada día se agrava como consecuencia de unas políticas económicas y sociales que ejecuta el gobierno de Hugo Chávez, cuyos resultados conforman, para especialistas y simples observadores, una crisis económica que provoca un profundo malestar e indignación en amplios sectores de la población.
Las protestas que casi todos los días se producen en el país, expresadas por diferentes sectores populares acosados por el desempleo, la inseguridad, la falta de vivienda y de pago de sus prestaciones, algunas acumuladas por varios años, y los bajos sueldos y salarios que devenga la mayoría de los venezolanos, ya alcanza a niveles propios de la otrora clase media como médicos, maestros y profesores, enfermeras y empleados públicos, que demuestran el fracaso de una política de dádivas y decretos presidenciales de sueldo, que se los come la inflación en poco tiempo.
Pero además, también revela la incapacidad del los gobernantes, en particular del Presidente de la República, para comprender lo errático de algunas políticas económicas y sociales que repite, apegado a viejos esquemas del socialismo autoritario, personalista y militarista, que tirios y troyanos conocen y expresan por distintos vías y medios de comunicación, como fórmulas fracasadas en todos aquellos países, cuyos gobernantes las pusieron en práctica y se derrumbaron en años o décadas de obstinación dogmática, acompañada de duras y feroces represiones policiales. Y lo que queda en pie también lo han señalado como despojos de un régimen que sembró la miseria en países como Cuba y Corea del Norte, sostenidos a base ayudas extranjeras y brutales tiranías.
El intento del Comandante Chávez de restaurar el régimen soviético, que cobró millones de muertos y exiliados en un país que no conoció la democracia por siglos, sino el autoritarismo de los Zares, al tratar de imponerlo en nuestro país, después de casi 50 años de gobiernos democráticos y alternativos, si incluimos la forma de llegar al poder del propio Presidente actual con una prédica democrática y una ejecutoria represiva, todavía puntual, ha encontrado una tenaz resistencia, que aumenta cada día en nuestra sociedad. Y si el empleo de su carisma personal y una política demagógica de reparto de los dineros públicos entre los más pobres, le permitió ganar varias elecciones, los resultados desastrosos de su administración y lo repetitivo de su discurso, ya toca el agotamiento de su empeño en gobernarnos como a borregos.
De allí algunas razones de la protesta social encabezada por los que más sufren los efectos de unas políticas inviables, para avanzar hacia el progreso y bienestar, sembrando cada día más miseria, entre quienes seguramente pueden y deben cobrar tamaño disparate del gobierno, en las próximas elecciones. Y si estas protestas llegan a encontrarse unas con las otras, se pueden hacer incontenibles y el país podría entrar en una etapa de ingobernabilidad, difícil de superar aún cuando el gobierno extreme la represión. De llegar producirse una coordinación de las protestas sociales, daría paso a una crisis política, que podría cambiar el panorama nacional, con consecuencias impredecibles. Lo único que puede evitar una profunda crisis política es la confianza en las elecciones parlamentarias pautadas por el 26 de septiembre, en las que los electores den una demostración de voluntad, de firme decisión de rescatar la democracia en el marco establecido por la Constitución Nacional de 1999.