Yo no fui de Francisco Alarcón


Basta con ser militante del oficialismo para estar exculpado de cualquier delito. En Venezuela ocurren las cosas más insólitas como el caso de la perdida de toneladas de alimentos sin que se hallen todavía a los culpables, ni se haya imputado o señalado públicamente a quienes son los sospechosos, ni a los directivos de las empresas del Estado palmariamente comprometidos se les haya prohibido la salida del país. Sencillamente hemos oído puras excusas y a los funcionarios responsables atribuyéndoles el “error” a su impericia, cuando en todos los casos malgastar los fondos públicos irresponsablemente tiene su castigo, aunque estemos cohabitando con una “revolución socialista”.

Insensatamente, también se enviaron de esos alimentos para Haití, poniendo en evidencia la incapacidad de un régimen que ya dio muestras de no saber conducir los destinos de este país y se atreve a expedir comidas en condiciones de basura a otra nación, qué mayor prueba quieren y qué mayor evidencia para el mundo. Eso es incapacidad, irresponsabilidad y corrupción. Y todavía pretenden que pase desapercibido o piensan neutralizarlo inventando “casos de corrupción” contra la industria privada para tratar de distraer la atención ciudadana con fines inconfesables.

El cierre del Banco Federal tiene características extrañas, se llevó a cabo la intervención después que la institución había abierto sus oficinas al público cómo para que la gente que estaba haciendo las colas se amotinara, cuando se enteraran que el banco estaba intervenido. Sin embargo, no fue así la gente actuó en muchos casos prudentemente convencidos de que era una retaliación política en contra de su dueño.

Les dictaron prohibición de salida del país a 21 ejecutivos de la institución y los señalan de” bandidos” ante la opinión pública para hacer ver que la medida no lleva ningún tinte político. Cuando todo el mundo conoce la cacería que se le viene haciendo a los directivos de Globovisión. Bueno, ya le va llegando la hora a todos, habiendo perseguidos, expropiados y casi quebrados y dicen no se trata de una acción retorcida.

Globovisión es el verdadero objetivo de estas persecuciones, el final será la toma de él, el precio no importa, acabando con ingentes fuentes de trabajo y el ingreso de muchas familias. Lo cardinal del oficialismo era cercenarle a la opinión pública este importante medio de difusión que, sin tapujos viene comunicando el verdadero acontecer de la Venezuela decadente y en ruinas.

Para el oficialismo como hemos visto, el costo no cuenta. Que vayan a parar a la cárcel o al exilio inocentes con el rotulo de “bandidos” y que continúen en libertad, o premiados con un cargo diplomático los causantes de la perdida de alimentos.

Las “responsabilidades” se establecen para dañar a la gente decente, desafecta al régimen y los perdones abundan cuando se tratan de sujetos ligados a éste. A nuestro presidente en una de sus últimas y “prodigas” alocuciones le alegro que se haya “normalizado” el servicio de electricidad porque ahora podrán las industrias trabajar a tiempo completo. Otro insólito, cuando el pueblo venezolano vive todos los días los apagones aunque no sean programados, cuando se sabe que las obras proyectadas por el gobierno para aumentar nuestra capacidad termoeléctrica se encuentran paralizadas, siendo un ejemplo conmovedor Planta Centro, que pareciera tener un hado maléfico que no le permite arrancar sus generadores. La providencia ha sido hasta hoy benévola con el pueblo venezolano y las lluvias han asumido lo que no ha podido resolver la ineptitud oficial. Así vamos dando traspiés guiados por la “revolución” que persigue a la disidencia y ampara a los culpables de los conteiner de alimentos podridos, y al final dice el “líder de la revolución” yo no fui como si esto fuera suficiente para descargarse del desastre, vaya usted a saber si todavía hay incautos que lo creen.

Finalmente llegará el “salvador” de esta patria y le pagará en tiempo record a los pequeños ahorristas, y todo apunta se quedará con el Banco Federal y Globovisión porque la “revolución” precisa de esas instituciones para ponerlas al servicio del “pueblo”, hasta que ocurra su ruina como todo lo que toca este “proceso” de destrucción, ávido en acabar con la empresa privada. Pero ¡yo no fui!

El efecto copia de Teódulo López Meléndez

Se ha establecido un patrón de comportamiento, el del odio social, el de la violencia, el de la mentira, el del desprecio, el de un individualismo patológico que, para poner un ejemplo aparentemente secundario, no soporta fracciones de segundo para tocar la corneta del auto sin importarle nada más. El cerebro humano funciona sobre la base de reconocer patrones y esos que tenemos están siendo copiados hasta un nivel insoportable. Se está uniformando el comportamiento sobre los patrones deleznables. Y se hacen hábito. La experiencia cotidiana se estructura y a su vez estructura a la sociedad, esta que vivimos marcada por los rasgos descritos. Podríamos decir que tenemos una “cultura del desvarío”. Esta es la verdadera revolución cultural del régimen que padecemos.

Nuestra manera de vivir en este mundo social es el del mundo social. Reproducimos, así, el estado de violencia, de desprecio, de mentira y de cerco. Esta es ya la manera de vivir de los venezolanos. La revolución ha tenido éxito en el cambio tan ansiado del comportamiento social. Ya somos otros. Ahora somos un capital social disminuido. La educación se está rediseñando para reforzar estos nuevos contravalores. Por otro lado tenemos la convicción de la derrota, sobre la base de la abstención en el actuar, porque, según el módulo implantado, nada podemos hacer sino adaptarnos. Dentro de esta sociedad reconformada se está haciendo inviable el ejercicio democrático, no se le considera forma de expresión lógica; como bien lo decía el proyecto de reforma constitucional, no se expresará el poder popular por vía de elecciones. En otras palabras, hemos dejado de exigir formas más abiertas y completas de participación, puesto que el Estado está a punto de determinar en que consiste, una, obviamente, determinada por el caudillo. El Estado se yergue, no ya como garante, sino como “padre” que ordena y manda.

Los principios esenciales han sido trastocados y ya no funcionamos derivando de ellos, ahora actuamos sobre los parámetros del régimen. De manera que si trasladamos a términos de política actual la palabra “colaboracionistas”, lo son –qué duda cabe- los que han adoptado los hábitos y comportamientos de quienes consideran sus adversarios.

Esto es, en este lamentable país de hoy el cuerpo social copió los signos del invasor nacido de su propio seno. Es posible cambiar la subjetividad humana, para bien o para mal, y para cambiarla hacia algunos valores de lo que ha sido la venezolanidad, más la suma de cese del egoísmo, de la implantación de la solidaridad social y del abandono de teorías ancianas como de teorías trasnochadas, es necesaria la multiplicación de la voz de la inteligencia hoy adormecida y echada en una hamaca. Por ejemplo, el hábito del crecimiento ha sido cambiado por el hábito de la supervivencia. El hábito de la tolerancia ha sido cambiado por el hábito de la agresión. El hábito de no rendirse ha sido cambiado por el hábito de perorar palabras insultantes y anunciar violencia.

Es obvio que la conformación de hábitos y comportamientos depende tanto del exterior como del interior. El exterior lo conocemos en todas sus taras, pero el interior nos está mostrado una profunda fragilidad psicológica, una falta de densidad, una vulnerabilidad total, una falta impresionante de consistencia en el prototipo venezolano. Sin un mundo interior propicio no se internalizaría el mundo exterior despreciable. Ni se produciría este círculo de personas con los nuevos hábitos y comportamientos constituyéndose en la sociedad devaluada. En consecuencia, es necesario explicar e introducir una idea nueva. Si no logramos hacerlo, si nos limitamos a repetir el rechazo sin proponer alternativa, respetando la raíz en lo viejo reciente que aquí se llama democracia y libertad, no habrá nunca la posibilidad de una reacción colectiva de verdadera resistencia, palabra que uso en su justa dimensión, no en el de una acción política estrafalaria.

Ya lo dije hace tiempo: esto implica un nuevo lenguaje, para empezar. Es obvia la necesidad de diseñar un futuro. Con estos hábitos y estos comportamientos, si permitimos que se establezcan endurecidos, esto es, que seamos una sociedad totalitaria sin capacidad de resistencia, no se podrá luego modificar nada, a no ser desde el final que siempre llega y el reinicio desde el vacío. Si cada quien no se autoanaliza y mira lo que hace a diario en la vida cotidiana y se examina en sus reacciones frente a nuestro actual drama, no tendremos inteligencia produciendo el porvenir ni liderazgos emergentes que puedan conducirnos hacia la reconstrucción de nuestro interior y de nuestro exterior.

Esta adaptación a los hábitos de crisis impone este comportamiento que se está haciendo natural en definición de una normalidad enferma. Así como el cuerpo se calienta, produce fiebre, como advertencia de que los anticuerpos han comenzado a funcionar y el organismo se defiende, así sería indispensable que esta sociedad nuestra en disolución en la disolución sintiera conciencia de que el cuerpo social es la suma de cada uno de nosotros y si cada uno de nosotros se ha intoxicado uno a uno deberemos desintoxicarnos. Sucede, a veces, que los pueblos despiertan. El nuestro parece caracterizado por la autoflagelación y sus respuestas, a lo largo de la historia, se han tardado tanto que siempre terminamos volviendo a empezar, dejando sobre el piso el tiempo perdido y generaciones destruidas.



teodulolopezm@yahoo.com

EL CRUCIFIJO O EL BARRANCO de Juan Páez Ávila

Después de 11 años durante los cuales Hugo Chávez se ha negado a dialogar con la oposición política, con los empresarios y trabajadores sindicalizados, excepto en algunos momentos cruciales por los que ha atravesado, la sociedad venezolana ha sido dividida y cargada de tensiones, de odio, como consecuencia de su discurso virulento, lleno de amenazas contra el adversario político, al que ha convertido en su enemigo. Los ataques han sido permanentes, cada siete días desde su programa Aló Presidente, o una y dos veces a la semana cuando encadena la radio y la televisión, en los que además anuncia al país sus cambios de ministros y sus políticas públicas en general.
Por todas las políticas económicas y sociales que vienen ejecutando, cuyos resultados son evaluados por especialitas para medir su impacto en la inflación, el alto costo de la vida, en la recesión económica, la liquidación del aparato productivo del país y por lo tanto en el desempleo, la inseguridad y la criminalidad entre los más pobres con saldo de decenas de muertos y heridos todos los días, el deterioro de la salud y la ineficiencia administrativa unida a la corrupción generalizada, con grave incidencia en los últimos días con la pérdida de millones de toneladas de alimentos descompuestos en miles de contenedores en Puerto Cabello y otras ciudades del país, parecen indicar que el Presidente Chávez va camino hacia un barranco político. Y sin crucifijo a la mano, para llamar a la reconciliación de los venezolanos, tal como lo hizo el 13 abril del 2001, cuando sus copartidarios y amigos encabezados por el General Raúl Baduel, hoy en prisión, e importantes sectores populares, hoy duramente golpeados y desencantados por los efectos de la crisis económica y social que diariamente tocas las puertas de sus hogares humildes y desabastecidos, lo reestablecieron en Miraflores.
Y aunque resulta insólito, que conocido el fracaso de esas mismas políticas, en todos aquellos países que las aplicaron durante décadas, asesorado por algunos militantes y dirigentes de la extrema izquierda, que todavía manejan los esquemas del estalinismo, el Comandante Chávez trate de imponerlas, con el nombre de socialismo del siglo XXI, lo cierto es que estos expertos en manuales de la extinta Unión Soviética, lo empujan hacia un despeñadero político, al que puede arrastrar a todo el país, salvo que la mayoría de los electores acudan a votar por una alternativa democrática el 26 de septiembre.
Sin embargo, es posible que el Comandante en Jefe no llegue al fondo del abismo el 26 de septiembre, y tenga tiempo de asirse al Cristo de la reconciliación nacional, que manipula a su antojo, para luego medir fuerzas en las elecciones presidenciales del 2012, decisión que muy pocos creen que pueda tomar, pero que sólo el propio Presidente resolverá en medio del peligro que significa, no la derrota de sus candidatos escogidos por su dedo de gran elector, sino la suya personal en el futuro inmediato.
Entre el barranco, que lo puede llevar a un juicio nacional o internacional, y el crucifijo que lo puede preservar como jefe de la oposición, reconciliado con sus enemigos, que pasarían a ser simples adversarios, podría estar su única alternativa. Para reconciliar el país, el Presidente tendría que sacudirse los dogmas supuestamente revolucionarios, que lo inclinan creer que inexorablemente está llamado, no a terminar la obra de Simón Bolívar, sino la del Comandante de la Sierra Maestra, Fidel Castro, que fracasó en el sub continente latinoamericano dejando una estela lamentable de muertos y heridos entre quienes se enfrentaron como enemigos, en una guerra de guerrillas. Hoy en la era de la globalización y de la consolidación de la democracia en occidente, y de la búsqueda de la misma en aquellos países en los que imperó el estalinismo, nuestro país no merece más atraso, ni más miseria ni más muertos. Y en la época de la guerra electrónica, sería importante que el Presidente, reúna a su Estado Mayor de la FAN y evalúe con sus integrantes, cuáles fueron las consecuencias del enfrentamiento del 5º. Ejército del Mundo que comandaba Sadam Hussein, con el imperio, el que el Comandante en Jefe insulta y desafía cada vez que tiene un micrófono por delante, y le evitaría más sufrimiento al pueblo venezolano, del que él y su familia también forman parte. Y si consulta con el Presidente de Brasil, su amigo Lula de Sila, podría preguntarle por qué negocia con, y no desafía al, imperio, si él dirige la novena u octava economía del mundo, y sus reservas petroleras no son tan abundantes, ni corren peligro, como dice el propio Chávez que pasa en Venezuela, que lo han llevado a vender el 40% de los yacimientos petroleros a las transnacionales y un millón de barriles de petróleo diarios al imperio.
Finalmente, como Hugo Chávez se confesó marxista sin haber leído El Capital de Carlos Marx, y seguramente menos a los líderes del Eurocomunismo que rompieron con todo tipo de dictadura, incluyendo la del proletariado, la Alternativa Democrática tiene que prepararse para ganar las próximas elecciones y defender los resultados electorales, como dispone la Constitución Nacional vigente.