¡Libertad o muerte! de Francisco Alarcón

La libertad para los seres humanos es una necesidad inalienable, tanto como el oxigeno para su vida. El hombre aparece en el mundo, libre y nómada sin barreras, sin cercos y en la medida que aumenta la población nace otra necesidad inherente al ser, como lo fue definir los espacios, así aparece la propiedad. La propiedad privada o no privada por no estar delimitada como tal, fue parte esencial de las nacientes comunidades sin que conllevara un rotulo egoísta. Igual que el respeto como la norma cardinal para el trato social y la convivencia. Cualquier teoría que desconozca el derecho a la propiedad se aparta de la naturaleza humana. Vemos a diario como en este país otrora cuna de la libertad desde su génesis, se quiere cambiar este rumbo con las peyorativas y manidas consignas relacionadas al comunismo. “Patria, socialismo o muerte” además de ser un vulgar calco, constituye una aberración. Siempre se ha dicho que la existencia se concibe en libertad o hay que morir por ella. Hasta los avezados “revolucionarios” la usaron para cambiarle su originalidad, haciendo ver que libertad era esclavitud al servicio del Estado o de un autócrata.

El otro equivoco es asociar “la Patria” como expresión chovinista contra la evocación noble que le dieron los precursores independentistas, cuando el mundo empieza a quedarle estrecho al hombre con los avances tecnológicos, es muy posible que estos recuerdos tendientes a exaltar “la Patria” como la propiedad inversa de una determinada corriente de ideas, se desvanezca en el tiempo como actualmente comienza a ocurrir. De manera que será un arcaísmo en breve, tratar de aclamar nacionalismos exacerbados cuando se invoca a la Patria, viablemente Patria será el mundo entero.

Cuando se altera la libertad, cuando se agrede la libertad en su magna disposición, se hace insoportable la vida. No hay ciudadano que lo aguante, no hay nación que lo reconozca, imponer un yugo tiene graves riesgos para un gobernante cuando hace mal uso del gobierno, así lo afirmó Ortega y Gasset siendo legítimo que se plantee una rebelión.

En Venezuela se conculca la libertad, y se enrumba hacia un primitivo sistema comunista, donde no existirá la propiedad privada. Aunque haya ido el “proceso” a pasos graduales no quiere decir que las cosas no se estén haciendo. Todo el andamiaje “jurídico” que monta la Asamblea Nacional es precisamente para tratar de darle piso “legal” para un viraje hacia el comunismo. Cuestión que el venezolano ha rechazado categóricamente en votaciones, porque es contrario a su idiosincrasia sin embargo no hay nada que detenga al régimen para que cese en su propósito.

Cualquier reacción frente a estas imposiciones se tomaría como una expresión de libertad, de lo contrario el país sucumbirá al fosco comunismo, veríamos lo poco que queda de democracia como una caricatura del pasado sin ninguna posibilidad de regresar a ella. Privados de todos los caminos para expresarnos y de manifestar, la perdida seria total cuando se derrumbe la institución familiar por disposición del Estado. La educación de los hijos subordinados a las necesidades del régimen. La propiedad privada estaría extinta como estaría impedido el derecho a disentir, que es casi un derecho perdido en la Venezuela de hoy en día.

Del ámbito económico estamos enterados, jamás antes se vio tanta ruina frente al caudaloso ingreso que provee la renta petrolera. La corrupción no permite ni siquiera sostenerse al Estado, y por el camino que vamos cuando desaparezcan las empresas privadas nos toparemos con un estado que no podrá mantenerse por inepto. Las estatizaciones de empresas, las expropiaciones en el campo no sirvieron para nada porque el sistema de cooperativas no funcionó, y actualmente nos dirigen hacia las comunas, trillando todo lo adelantado en materia de descentralización a pesar de sus resultados evidentemente positivos. Todas las medidas que toma el régimen van dirigidas a acabar con la libertad, los ciudadanos de este país cada vez se hallan más asfixiados. Por ello, a la consigna impuesta, importada y desoladora de “Patria, socialismo o muerte” debemos anteponerle ¡Libertad o muerte!

Volvamos a la política como fenómeno pensable de Teódulo López Meléndez

Es cierto que vivimos el tiempo de la imagen. Ello implica que las finalidades concretas sean innecesarias, como bien se practicó, de manera que la simulación se convierte en la cabeza de algunos poderosos extraviados en el nuevo principio, una donde está el modelo mismo que se muestra, lo importante, y donde se enseña a los espectadores deseosos de esperanza un juego al que ya han sido habituados a jugar que termina convirtiéndose en dispersión y anulación de lo político.

El actual régimen venezolano ha logrado crear una imagen del pensamiento en el cual ya casi no se puede pensar sino desde dentro de la centralidad pensamiento-Estado. Por ello en su discurso hay siempre elementos de verdad, una muy minoritaria, pero que crea efectos de verdad. De allí su permanencia a pesar de sus errores y de su incompetencia. Hay que oponerle un nuevo pensamiento, una organización simbólica distinta, mientras hacemos lo contrario: una repetición constante, la muestra en pantalla del doppelgänger, en pocas palabras, un simulacro de representación que refuerza la imagen. A falta de una estrategia política original el gobierno funciona a sus anchas con la puesta en escena de sus “cadenas” o de sus “Aló, Presidente” de solicitación espectacular ahora impregnada de expropiaciones e insultos casi a diario.

Si hay incoherencia o contradicción en el discurso del dictador es simplemente porque no hay necesidad de discursos articulados. Su único interés es el desarrollo de una estrategia de poder basada en el ansia de espectáculo, el que vemos haciendo delirar a las masas comprometidas previamente y arreadas al lugar del espectáculo. Romperla no pasaba por la vía del doppelgänger porque el orden original de la imagen copiable era la de cambiar la escala entre sistema político y la esfera masiva. Reproducir era, como hemos dicho, convertir el propósito en un instante perpetuo.

En estas condiciones no puede decirse que la política es una posibilidad por hacer, a menos que de alguna manera se busquen los intersticios para vencer la llamarada del odio. Ello no equivale a la inacción de resistencia frente a la dictadura, pues tal comportamiento equivale a complicidad o a obstinarse sólo en una participación electoral obviando las magras condiciones en que ella se produce. En este contexto manifestarse continuamente dispuesto al diálogo se percibe como una disposición a un entrevero de piernas con un régimen que sólo permite la fidelidad más absoluta.

La sociedad venezolana está omitiendo el replanteamiento de que es la democracia. Lo que no se renueva perece; lo que ante los ojos de la gente es ya conocido, con sus virtudes y vicios, carece de la atracción de la novedad. Hay que conceptuar para la demostración práctica de una democracia sin adjetivos, sólo ubicada en un contexto de tiempo: siglo XXI, con todo lo que ello implica.

Bien podría argumentarse que la sociedad civil se ha convertido en un simulacro de lo social. La democracia, por ejemplo, parece alejarse de su marco de drenaje y composición. El poder que amenaza con surgir en el siglo XXI trabaja –ya lo hemos dicho hasta la saciedad- con la velocidad y con la imagen, más con la velocidad de la imagen. Su alzamiento por encima de una sociedad civil débil le permite recuperar el sueño del dominio total, de la modelación de los “contemporáneos” (antes ciudadanos) a su leal saber y entender. Así, el poder de la dominación se hace total.

Nos preguntarnos porque el venezolano ha abandonado el papel de descifrador. La insatisfacción con lo existente parece haber perdido su capacidad de motorizar el viaje hacia fuera del presente ominoso. El venezolano ha perdido la fuerza para imponer la sumisión de la realidad al orden simbólico. Esto es, ha dejado de interrogarse.

Es necesario rescatar la política como “fenómeno pensable”, en su “operatividad como acontecimiento”. Es decir, liberarla del sentido centrado en una filosofía de la historia y de su carácter superestructural. Acontecimiento es lo que detiene la mera sucesión de los hechos y exige una interpretación.

Hay que partir de lo cotidiano para reencontrar lo social. Hay que innovar en las actitudes y comportamientos y en las bases teóricas que los sustentan. Hay que entender las posibilidades del nuevo tejido social para fijar objetivos compartidos que puedan convertirse en propósitos y objetivos de la lucha.

teodulolopezm@yahoo.com

¡CUIDAÍTO SE RESBALA , CARDENAL UROSA! de Agustín Blanco Muñoz

Vamos a ver Cardenal Urosa. ¿Quién carrizo le dijo a usted que yo le meto al derrotado comunismo? Tanto que lo he explicado y no me paran ni un milímetro. Después me preguntan porqué hago tanta cadena.
Todos me provocan y tengo que defenderme. Aunque nadie me ha ofendido tanto como este Cardenal indigno, troglodita, atrasado y trucutú, que le anda metiendo miedo a la gente diciéndole que mi revolución es comunista. ¡Más comunista será él!
A mí quien me busca me encuentra y este señor se sacó el premio mayor. Yo sé que su problema conmigo es que yo gobierno para los pobres mientras que usted y las otras autoridades eclesiásticas están al servicio de los burgueses explotadores.
En días pasados, el 27 de junio, leí lo que dijo en ‘El Universal’, de los oligarcas, que yo y que quiero imponer un totalitarismo marxista que le permita a los jerarcas del gobierno tener dominio sobre la población.
Yo no me voy a calar esta afrenta e irrespeto. Es verdad que en mi informe anual ante la Asamblea Nacional asumí que soy marxista, pero nunca dije que soy comunista ni que el proceso que lidero sea comunista.
El menjurje de marxismo y neoliberalismo que tengo montado produce mi imperio comunal que otros llaman COMUNALISMO.
Ellas serán sólo las unidades productivas revolucionarias sin propiedad privada, división capitalista del trabajo, plusvalía ni mercados. Todo intercambio será a punta de trueque y sin explotación.
Las fuerzas productivas y el modo de producción serán regidas por la solidaridad y todos viviremos a nivel chévere.
Pero usted, Cardenal, con su manipulación, me quiere hacer ver como un marxista ortodoxo, sectario, excluyente e intransigente que sólo acepta una forma de pensar.
Sin embargo, yo soy un demócrata y dejo que cada quien piense cómo quiera, siempre que esté dentro de la revolución. Porque todo dentro de la revolución todo, nada fuera de ella, como dice nuestro amado Padre Fidel.
Y lo que no admitimos es que se niegue que Cristo es el creador del socialismo, porque está por encima de todo sistema, ideología o régimen. Para nosotros él ocupa el puesto de Camarada Nº 1 del mundo y punto.
Lo que pasa es que estas cúpulas que no representan a nadie dentro de la Iglesia, pugnan hoy por aplastar la iglesia que está con la revolución. Yo sabía que usted no sería un buen Cardenal por su participación en el golpe del 11 A-02. Y por eso mientras tengamos obispos de su calaña le echaremos leña dura a su jerarquía católica.
Mi candidato era Monseñor Moronta, que habría sido un Super Cardenal y que ahora lo tienen exilado en San Cristobal porque saben que es hombre de esta revolución, aunque, claro, lo incluyen como cuadrado con la superioridad eclesiástica.
A lo mejor lo presionan para que salga diciendo que es un demócrata y que no está de acuerdo con mi calificación al Cardenal. Eso es parte de la guerra que está montada.
Después de nuestro aplastante triunfo del 26S vamos a convocar la Constituyente porque ahora sí que iremos hacia la Constitución que diga que somos un Estado Socialista de Derecho en transición hacia el Comunismo. Pero no hay que andar por allí metiendo miedo diciendo que el comunismo está ahí mismito.
Lo único que me alegra del Cardenal es su ingenuidad de creer que obtendrán buenos resultados el 26S y que el pueblo cometió un error con la abstención del 85% el 04D-95.
Ese día nosotros nos asustamos porque la gente dijo que el camino aquí para salir de la crisis no es electoral como se conoce.
Pero la dirección opositora no le hizo caso, desconoció esa voluntad y de inmediato montaron su tinglado para el espectáculo electoral del 06D-06 donde Rosales me la puso cómoda y aquí estoy y estaré hasta que me dé la gana.
Por esto termino diciéndole al Cardenal, cuidaíto con lo que dice y hace porque lo tenemos en la mira. Ore por su iglesia porque lo que es la mía es pura revolución, con el camarada Cristo a la cabeza.
Y este redactor pregunta: ¿Por qué el Jefe Único alardea de marxista-comunista y luego niega que “su proceso” sea comunista?
¿Relegitimaremos el 26S estos tiempos de comunismo sin comunismo para que siga con vida el mismo modelo neoliberal con disfraz revolucionario?
Nos esperan tiempos muy duros, durísimos! abm333@gmail.com



El Universal, 09 de julio del 2010.

LA CAMPAÑA ELECTORAL de Juan Páez Ávila

En las proximidades de las elecciones para la Asamblea Nacional, como sucede en cualquier otro momento electoral, la ciudadanía exige conocer lo que se proponen realizar los candidatos, y en particular, cuando se trata de votar por las posibilidades de un cambio en la conducción del país, del comando de campaña que dirigirá la estrategia para provocar ese cambio.
Como respuesta a estas inquietudes, a nombre de la Mesa de la Unidad Democrática, Ramón Guillermo Aveledo presentó al país el equipo de dirigentes de los partidos y de la sociedad civil que coordinará las principales acciones a escala nacional, porque en cada uno de los estados y municipios, funcionará un comando de campaña unitario, para iguales fines en su respectiva jurisdicción.
E conjunto de proposiciones la elaboró una Comisión de Propuestas Programáticas de la Mesa de la Unidad Democrática, y por su contenido podría ser suscrito por todos aquellos demócratas que, sin distingo de ideologías o de militancia política, aspiren a la construcción de una sociedad civilizada, tolerante, en permanente diálogo, respetuosa de los derechos ciudadanos establecidos en la Constitución Nacional vigente.
La sociedad venezolana debería realizar un debate en los medios de comunicación social, acerca del contenido de las mismas propuestas y de todos los temas que a juicio de ciudadanos de todos los niveles sociales, deben formar parte del intercambio no sólo de ideas abstractas y generales, sino también de las prioridades económicas y sociales que revelan los problemas más urgentes que confrontan todos los sectores la población.
En la Venezuela de hoy, para enfrentar al gobierno que pretende imponernos un pensamiento único, que de lograrlo nos llevaría a una dictadura, se requiere de una gran amplitud y firmeza para tomar iniciativas, defender y difundir propuestas democráticas como las expresadas por la Comisión de la Unidad Democrática.
. Las primeras conclusiones dadas a conocer por la Comisión de Propuestas Programáticas de la Mesa de la Unidad Democrática, tienen la virtud de ser muy concretas y coincidentes con las aspiraciones de millones de venezolanos que sufren los efectos de la recesión económica, de la inflación, la intolerancia, la inseguridad y el desempleo, provocados por un gobierno de ineptos que han despilfarrado miles de millones de dólares provenientes del petróleo.
El deber de votar es ahora insoslayable para elegir una Asamblea Nacional plural, que impida que Chávez continúe violando la Constitución Nacional vigente e investigue, por ejemplo, los responsables de la pérdida de miles de toneladas de alimentos que se han podrido en los puertos controlados por el PSUV y los cubanos, y toda la corrupción que prolifera en las más altas esferas del régimen. Los venezolanos que defendemos la democracia como sistema político y forma de vida civilizada, estamos obligados a agotar los mecanismos constitucionales para lograr una solución pacífica y democrática a la presente crisis económica y social que ha creado el gobierno chavista, cada día más próximo a un desbarrancadero.
De allí que la campaña electoral, aunque lleve el peso de los candidatos a diputados, también debe ser responsabilidad de todos los venezolanos con un mínimo grado de conciencia ciudadana, y muy particularmente de los dirigentes sociales, de los partidos políticos y de la sociedad civil, con algún ascendiente entre los habitantes de cada uno de los circuitos electorales. Y para que la victoria democrática contra la marcha totalitaria de Hugo Chávez y el grupo estalinistas y oportunistas que le sigue, sea producto de la sociedad en su conjunto, hay que salir a votar y a defender el voto, tal como lo establece y manda la Constitución Nacional vigente desde 1999.