El 26 de septiembre es la cosa de Francisco Alarcón

Vemos como algo ineludible que las elecciones parlamentarias se lleven a cabo en la fecha determinada, a menos que ocurra algo incierto que desdibuje el panorama en este país por razones naturales o “sobrenaturales”. Ya todas las ocurrencias del oficialismo han sido mostradas a lo largo de once años. Magnicidios, conspiraciones, etc., ahora es la disidencia quien tiene a su favor todos esos argumentos que nunca se llegaron a producir, porque sencillamente fueron invenciones rocambolescas o mentiras de un régimen asaz inepto y desacreditado. El pueblo en todas sus expresiones ve con horror que Venezuela se siga constituyendo en una segunda Cuba, no quiere nada de comunismo para sus hijos ni para su futuro.

Qué mejor propaganda a su favor puede hallar la oposición en la actualidad, cuando es el propio régimen quien se encarga de denigrarse a sí mismo, no hay nada oculto y ya no son intenciones sino realidades tangibles. Mientras más hable y se encadene el oficialismo más crecerán las posibilidades de la disidencia de ampliar su participación en lo que será la nueva Asamblea Nacional.

Las probabilidades de no realizarse las elecciones por razones de “Estado” se encuentran disipadas, en nada calaron los argumentos de guerra ni en nada modificarán el horizonte con los anuncios de conspiraciones. Seguirán las amenazas y las persecuciones políticas con presos como Alejandro Peña Esclusa sin motivos reales para estar detenido, sin pruebas y sin nada que justifique mayor injusticia. Pero son cuestiones inevitables en este tipo de regímenes, asechanzas que únicamente desparecerán cuando Venezuela vuelva a transitar los caminos de la democracia.

Cada vez que se aproximan unas elecciones, la disidencia venezolana se siente cercana a su objetivo sin saber administrar sus pasos gradualmente, tal como lo han hecho los comunistas de este país, quienes progresivamente tratan de imponernos un sistema igual al de Cuba. Mientras la disidencia una vez que pasan las elecciones pierde su norte y quedan como aturdidos, sin ninguna esperanza de regresar a la Patria bonita y comprensiva. Pues si algo hay que aprender del antagonista es precisamente establecernos los pasos sucesivamente.

Las cercanas elecciones quizás sean las que más se han mostrado con una evidente ventaja para la disidencia, el oficialismo se encuentra sin comunicación con las masas, tiene poco que ofrecer y sus posibilidades de mejorar lo que sostienen están estancadas; así se encuentran las misiones que en el mejor de los casos se conservarán igual. El país está en bancarrota, jamás antes hubo una inflación tan perceptible y no hay algo que puedan inventar para atenuarla en lo que resta de año, similar pasará con el decrecimiento económico de la nación, continuará inevitablemente aumentando. Los planes sociales están destrozados, Barrio Adentro fue una quimera, la red de hospitales existentes se encuentran inoperante y desabastecidos. La inseguridad es un problema cardinal de la Venezuela vigente, no vemos avizorarse correctivos al corto plazo. Con estos abrumadores resultados negativos en la gestión presidencial durante once años no hace falta esgrimir pruebas, todo está a la vista, la ineptitud y corrupción son palmarias, y el causante de todo esto se halla en el trono de Miraflores, rodeado de sus coautores. Así que toda propaganda que haga el oficialismo sencillamente servirá para recargar más a tan funesta gestión.

El 26 de septiembre será la cosa para el pueblo venezolano, sea cual sea su parcialidad política, trabajen donde trabajen, aunque muchas veces se hayan vistos obligados a ponerse una camisa roja y a marchar por la “revolución”, ese día deberá ser ofrendado de corazón a la Patria, a la familia, a la decencia y cuanto halito redentor hayamos una vez abandonado. De recuentro para la familia venezolana que desea de nuevo vivir en paz y en libertad. Paso a paso se irán alcanzando los escaños de la liberación. De esta manera se derrotará al régimen sin derramar una gota de sangre ni apelar a la violencia. La desmoralización será total cuando vean como se les va derribado el imperio de la barbarie, observando cómo actúa responsablemente esa disidencia que muchas veces hemos visto perdida y desencantada. Asimismo, estará cada vez más cerca la victoria final cuando nos podamos sacudir organizadamente todas las miserias de los últimos once años.

HORA CERO de Américo Martín

Entre la segunda mitad del siglo XIX y la caída del llamado Muro de la Ignominia (noviembre 1989) el lenguaje apocalíptico ensordeció al mundo. Refiriéndose a los soviéticos y por extensión a todas las autocracias militares, Arnold Toynbee les atribuyó una variante también apocalíptica, la manía o psicología del sitiado: “Una ciudadanía movilizada permanentemente en campañas, batallas, victorias” Y -me permito agregar- con promesas heroicas sospechosamente abundantes: ¡el año de la victoria final!, o ¡el año del colapso definitivo del imperialismo! Las fechas arriba indicadas son convencionales porque a voluntad pueden extenderse en el tiempo. Toynbee las remontaba a la era de Licurgo.
Cualquiera comprende lo que quieren solapar estas movilizaciones, tan idóneas para arrollar las dudas con el estrépito de las consignas. Pero dado que fue el socialismo real el que vivió en fecha cierta su hecatombe, el lenguaje de todo el diapasón político devino –más allá de razones o sinrazones- sereno y argumentativo.
No obstante, por lo menos dos líderes siguen atados a aquel estilo estridente, removiendo escombros y actualizando temas que estaban ya en el museo de antigüedades, junto a la rueca y el cuchillo de obsidiana.
Uno es Fidel. Volvió o lo hicieron volver a la palestra envuelto en visiones desconectadas incluso del paisaje cubano. Fidel no se retrata con Raúl, va a la Plaza Martí cuando aquel guarda silencio en Santa Clara, no menciona para nada los angustiosos temas de la reforma y los presos, que ocupan las horas del otro. ¿Cómo suplir, aplacar o solapar el complejísimo esfuerzo de realismo que exhiben los interesados en un cambio? ¿De qué otra manera sino volviendo al apocalipsis?. Fidel sólo habla de la inminente catástrofe nuclear, y lo seguirá haciendo hasta regresar a su lecho de enfermo como una estrella Nova, de luz y sombra instantáneas.
Para que su prédica no fuera como el chascarrillo de “hoy no fío mañana sí”, se atrevió a pronosticar que el mundo estallaría bajo envenenadas nubes atómicas antes de que culminaran los cuartos de final del mundial de futbol. Llegaron y pasaron los cuartos de final, la semifinal y la final y nada, el mundo siguió sumergido en sus problemas habituales. ¿Creerán ustedes que -si no guardó silencio, cosa imposible- el hombre cambió de discurso? Para nada. Fidel sigue con su tema y lo notable es la ausencia de corifeos. Todavía caminan con él, pero se cuidan de repetirlo.
El otro es Chávez, cuyo historial apocalíptico es de larga data. Ha denunciado magnicidios y golpes en su contra tantas veces como invasiones de yanquis, colombianos y hasta holandeses. Pero lo último es la nueva guerra con Colombia, justamente mientras el escándalo de los alimentos podridos pica y se extiende. Otros lo relacionan con asuntos que le arrebataron el sueño, tales la delincuencia, el crecimiento menos cero, la inflación más alta de las tres Américas y, en lugar prominente, las elecciones de septiembre, que lo castigarán con votos, no con balas.
La guerra será “defensiva”. La desatarán dos demonios: Uribe y Obama. Chávez aprovecharía para cargarse a los apátridas mientras “con una lágrima en el corazón” adelanta sus preparativos bélicos. Del otro lado, sorna y silencio. En medio de la indiferencia general, Chávez hizo vibrar los tambores de la guerra y anunció un alerta amarilla para la suspensión inmediata del envío de petróleo al imperio. Un suicidio que por supuesto no cometerá. “Alerta amarilla” repitió Rafael Ramírez, el de los alimentos descompuestos. ¿Pero cuándo reventará la trágica conflagración? Pues hombre, antes del día de la toma de posesión de Santos.
La hora cero, pues, es hoy sábado 7 de agosto. ¡Todos a sus trincheras y refugios!