¿Estamos quebrados? de Francisco Alarcón

Viendo los índices económicos, la caída de ganancias de nuestra industria petrolera con la pérdida en sus exportaciones, y además con el indicador de riesgo más elevado de América, seguramente no debemos vacilar en afirmarlo. Unido a esto hallamos el decrecimiento de la economía y una hiperinflación con un gobierno que no hace nada para que las cosas mejoren.

Venezuela se agrava en todo, en su calidad de vida, mientras la escasez de alimentos, medicinas y productos se acrecienta cada vez más. Los servicios públicos están colapsados y los privados a punto de correr la misma suerte por la persecución oficial que niega el ejercicio de toda actividad privada como cuestión licita. Las contradicciones dentro del oficialismos son evidentes con un sector radical que quiere instaurar a ultranza un comunismo sin la menor consideración hacia la población; otro que busca asirse de los negocios y capaces de vender hasta su madre y por último el grupo de los indefinidos que no les queda más remedio que estar en las filas del oficialismo por necesidad. Bajo esta percepción vamos hundiéndonos diariamente. No hay ninguna planificación ni coherencia en las políticas del régimen y su presidente actúa como si Venezuela fuera su posesión, sin necesidad de consultar a nadie ni rendir cuentas. Esto nos conduce al foso, a la quiebra de empresas, a la desaparición de las actividades agropecuarias con resultados productivos y gananciosos. Venezuela está desangrada y desolada en su hora mala con doce años de expoliación y de destrucción.

Es un hecho perceptible para todos, lo vemos y vivimos a cotidianamente, la calidad de vida es inexistente, pareciera una sobrevivencia interminable frente a los designios de un régimen inútil e incapaz, sin brújula para resolver algún problema. El comunismo es como una virosis donde compiten entre ellos mismos para ver quien se parece más a un viejo marxista, se disfrazan de guerrilleros, de milicianos, le hacen reconocimientos a las figuras más insólitas de este país como ejemplos de indecencia, quizás como burla a la gente honorable que espera las respuesta de un gobierno digno

Estamos llegando al momento donde todos debemos comenzar a reconstruir esta patria, o será imposible hacerlo cuando pase más el tiempo y la ruina sea tal que nos sepulte en lo más hondo del acontecer latinoamericano. Cuando hayamos agotado hasta nuestros últimos dólares y cuando nuestras industrias petrolera y básicas sean irrecuperables. Si continuamos por esta senda Venezuela estará quebrada pronto. Eso lo distingue ya la comunidad internacional que bastante interviene ahora, tratando de componer lo poco que queda del festín que constituyó el mayor reparto de dólares por el mundo entero. Todo llega a su final y eso es lo que están vislumbrando, perderemos todo, seremos más dependientes y Venezuela será la tierra de nadie si continuamos transitando esta “revolución” indecorosa y fracasada.

Colombia, Brasil, Argentina y hasta Bolivia y Ecuador deben ver esta otrora nación que bastante les proveyó en sus atascadas economías con lástima frente a su indiscutible hundimiento, un Estado que vive de las importaciones, que ha gastado cantidades enormes de dólares no en sus desarrollo sino en su ruina, comprando chatarras bélicas, alimentos podridos y ha dejado perder la infraestructura física de la nación. Nuestros camaradas en tiempos de elecciones se dedican a los maquillajes tapando los huecos del “alma” con pintura, como si así se solucionaran las cosas. Es que nada saben hacer, ni siquiera mentir porque las certidumbres brotan al otro día poniendo al descubierto sus ardides. Todo ha constituido un fraude a la nación, al pueblo venezolano que ya lo siente y hasta los propios correligionarios de la “revolución”, a quienes con mayor obligación les toca emprender la rectificación desde el lugar donde se encuentren, basta de las dobles caras, es necesario un esfuerzo para que Venezuela no perezca en la bancarrota, empiecen desde ya preocupándose en la reconstrucción de lo destruido en estos últimos doce años. Somos la veleta y los hazmerreir del continente, hasta Fidel Castro les enrostra a nuestros camaradas que por estas tierras no hubo nada parecido a su “revolución,” restándole cualquier sentido redentor y auténtico.

¡Qué poca son y que de daño tan grande le han irrogado a este país!