ELECCIONES EN LARA de Juan Páez Ávila

En momentos en que el país y en particular el gobierno atraviesan una profunda crisis económica y social, que anticipan una peligrosa crisis política, si no hay acuerdo entre los factores determinantes de la sociedad venezolana que emerjan de los próximos comicios, estas elecciones del 26 de septiembre se constituyen en un punto de inflexión que marcará el rumbo, hacia una Asamblea Nacional equilibrada y conciliadora o hacia otro elemento de crispación.
Después de ganar todas las elecciones, con más del 60% de los votos, que se han realizado en el estado Lara desde 1998, el Presidente Chávez tendrá que medir su liderazgo personal con Henri Falcón, el gobernador más votado en los últimos comicios regionales, superando en porcentaje al Comandante Presidente, hoy en franca oposición aunque con candidatos promovidos por el PPT tan desconocidos como los del PSUV, por lo que todos dependen, con algunas excepciones, de los votos que les puedan endosar Chávez o Falcón. Esta circunstancia , unida a la división de lo que fuera la primera fuerza electoral en el Estado, puede favorecer a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que presenta candidatos más vinculados a la sociedad larense y representativos de importantes sectores políticos y sindicales (Alfredo Ramos y Edgar Zambrano) empresariales y agroindustriales (Eduardo Gómez Sigala y Julio Anzola) político y educativo (Pedro Pablo Alcántara) popular y de la comunicación social (Víctor Torrealba) y gremiales (José Ignacio Guédez y Leopoldo Navas) impulsados por el milagro de la unidad perfecta de todos los partidos políticos e independientes que propician un cambio democrático.
Desde una perspectiva nacional, aunque se trata de unas elecciones regionales, en las que ni Hugo Chávez ni Henri Falcón son candidatos, analistas y dirigentes políticos observan con relevancia el enfrentamiento entre el Presidente de la República y el Gobernador del Estado, porque el resultado en las urnas de ambos gobernantes, puede determinar un golpe políticamente mortal para el Proyecto chavista o la preservación del liderazgo del Comandante en Jefe, que no admite disidencia victoriosa.
Sin embargo, la Mesa de la Unidad (MUD) además de sentirse favorecida por los división de la otrora fuerza demoledora del chavismo, avanza hacia las elecciones del 26 de septiembre fortaleciendo sus vínculos con todos los sectores sociales y afirmando la emergencia de nuevos liderazgos democráticos, que pueden darle una victoria importante a varios de sus candidatos y ponerle una fuerte barrera al proyecto Castro-chavista del Partido único, al centralismo personalista, al militarismo y a la política de liquidación del aparato productivo del país con su secuela de desempleo, inseguridad y miseria humana.
Para crear condiciones políticas, sociales y económicas y apuntalar el país hacia una sociedad de convivencia y progreso, habrá que atender los llamados del Iglesia, de los empresarios, de los trabajadores que todavía militan en sindicatos y de los partidos políticos de la Alternativa Democrática y los sectores independientes que integrados en la Mesa de la Unidad, a la reconciliación nacional, al respeto a la Constitución Bolivariana de Venezuela hoy puesta de lado por el Comandante Presidente, en síntesis, a un cambio en la manera de conducir el país como si fuera un cuartel, para darle paso al debate civilizado, a la erradicación de la violencia verbal, policial y militar y a la reconquista del poder civil.
Los resultados de las elecciones en el Estado Lara pueden dar la pauta para el camino a seguir. Derrotado el chavismo y el liderazgo de Hugo Chávez por la Mesa de la Unidad Democrática y el liderazgo del gobernador Henri Falcón, la mesa puede quedar servida para una más profunda reflexión y un entendimiento civilizado, que para bien de todos comience a buscar políticas para ponerle coto a la violencia homicida y cuidado si suicida.