Venezuela para los venezolanos de Francisco Alarcón

Los resultados de las elecciones parlamentarias demostraron que la disidencia en Venezuela es mayoría y quizá siempre lo fue, que la “revolución” nunca anduvo más allá de una alharaca chambona, sin principios ni ideales con resultados funestos y a la vista de todos disociando un país empobrecido y destrozado.

Posiblemente ese 52% que obtuvo la unidad es mucho mayor, y el resto obtenido por el oficialismo serán cifras marginales infladas de distintas maneras. Pero pronto empezará a llegar la debacle al oficialismo, cuando todos esos obligados empleados estatales no quieran seguirle acompañando, cuando tengan que justificar un presupuesto ante una Asamblea Nacional plural que le exigirá cuentas. Serán cambios radicales para que esta tierra comience a renacer, bueno, digo radicales para quienes se creyeron que Venezuela era su posesión, y los erarios públicos era dinero propio que cargaban en los bolsillos. Se adicionarán al descontento, magistrados y altos funcionarios de otros poderes que no querrán verse involucrados en lo que fue una orgía aciaga. Así siempre ocurre con el perdedor, ni a misa se va con él y ese día tenía que llegar para darse cuenta el pueblo venezolano que todo fue una jácara, hipotecando nuestra soberanía y subordinándonos a los designios de Fidel Castro. Saldrán muchas cosas a relucir y si trataran de borrar o quitarles atribuciones a esos nuevos diputados electos por el pueblo, se verá Venezuela involucrada en una situación explosiva. Tendrán que rendir cuentas todos esos adulantes que se declararon rojos, rojitos y que deben volver a cumplir con sus obligaciones, o serán encubridores de una aventura infeliz llamada el “socialismo del siglo XXI”. Una “revolución” sepultada y que actualmente identificarse con ella puede significar hundirse con ella. Las secuelas se verán prontamente con los perdedores, a nadie le gusta cerrar filas, y los dineros de todos los venezolanos no se podrán seguir regalando a diestra y siniestra. Se acabará el festejo y las ayudas a gobiernos “afines”, con una solidaridad mal concebida.

Venezuela será otra, surgió unitariamente una disidencia con una nueva generación formada en los clamores de estos últimos doce años, mucha juventud y vigor para no claudicar y llevar la obra hasta el final que les devuelva su democracia a todos los venezolanos. Quedó demostrado por segunda vez que, este pueblo ni quiere ni acepta comunismo, tendrá el oficialismo que volcarse a la reconstrucción de lo que echaron abajo, a cumplir con sus obligaciones, a resolver el problema de la electricidad como debe ser, a combatir el hampa y garantizarles seguridad a los venezolanos, a restituirle las propiedades confiscadas a sus legítimos dueños para que de nuevo comiencen a producir, a no comprar más chatarra bélica, a regularizar el comercio con los países vecinos y nuestros socios tradicionales para que no siga la escasez de alimentos, medicinas y otros bienes esenciales, a combatir la inflación trabajando, a darle el debido uso a los medios de comunicación del estado y no embasurándolos con espacios chocarreros y largas cadenas insustanciales.

Reponerle la decencia a las instituciones y entender que Venezuela es un sólo país a donde todos debemos caber y comprendernos, que las leyes y la Constitución se respetan y que las Fuerzas Armadas están al servicio de ella y no “del patria, socialismo o muerte”. El rescate debe entrar de inmediato será la única manera de coexistir y de evitar mayores confrontaciones, aquí quien manda es el pueblo y no un único hombre, o el caudillo. Esto será obra de todos para lograr el bienestar y avenimiento de los venezolanos. Esa nueva Asamblea plural será el comienzo del recuentro entre los ciudadanos de esta nación y no la confrontación de dos parcialidades como quisieron hacerlo ver sectores radicales del oficialismo, ni los mismos camaradas desean eso y entienden que llegó el momento de enmendarse, de cambiar para bien y se verán obligados en ser los primeros en exigir la renuncia de ese CNE incompetente que, tantas molestias y aberraciones a inflingido a la sociedad, puesto en evidencia con su insolvencia, que en este momento no lo observan únicamente en el ámbito doméstico sino en el mundo entero. Manos a la obra que hay tiempo de revertir estos doce años de desidia y corrupción, adelante “camaradas” y no camaradas que ya los rojos, rojitos dentro de poco no serán nada.

TRIUNFO DEM0CRÁTICO de Juan Páez Ávila

Al convertir Hugo Chávez en plebiscito a su favor o en contra, las elecciones parlamentarias, el verdadero derrotado porque era el único protagonista, fue el hiperlíder del socialismo del siglo XXI, a quien le falló la condición de portaviones de otros tiempos. Para asombro del mundo democrático la única fotografía que llenó avenidas, calles y edificios a lo largo de todo el país fue la del Comandante en Jefe, a quien seguían en un plano secundario los candidatos a diputados del partido de gobierno.
Los resultados electorales, leídos con objetividad, constituyen un triunfo de la democracia, porque fue electa una Asamblea Nacional plural, con una mayoría relativa del PSUV electa con menos votos que la oposición, y sin las dos terceras partes del total de los diputados, lo cual la obligará a negociar para aprobar leyes orgánicas y elegir el Poder Judicial, al Contralor General de la República, al Defensor del Pueblo, al Fiscal General de la República y al Consejo Nacional Electoral. Si Chávez reconoce su deterioro, podría iniciarse una etapa de reconciliación nacional, que erradique paulatinamente los odios y la violencia verbal y de los grupos para policiales y paramilitares que cometen todo tipo de violaciones a los Derechos Humanos y a la Constitución Bolivariana de Venezuela.
El 52 % de los votos obtenidos por la oposición son un indicador de que Hugo Chávez ha perdido el respaldo mayoritario que había recibido en varias de las elecciones realizadas en las últimas dos décadas, lo cual debería obligarlo a revisar sus políticas económicas y sociales que han convertido a Venezuela en el país con mayor inflación y menor crecimiento, que se expresa en el más alto costo de la vida de América Latina y en la ruina del aparato productivo, con su secuela de desempleo o empleo disfrazado de buhonería, que significa mayor pobreza.
En materia política y social el Comandante Presidente debería reflexionar con relación a la violencia que desatan grupos armados que portan millones de armas de fuego y asesinan impunemente a centenares o miles de venezolanos mensual o anualmente, que han convertido a Caracas en una de las ciudades más violentas y peligrosas del mundo. De no hacerlo, continuará empujando el país hacia un precipicio de dimensiones colosales y por lo tanto de consecuencias desastrosas. Para corregirlo, varios especialistas han presentados planes de desarme, prevención y represión contra esos grupos armados.
Todo indica que el Presidente debería entenderse con la empresa privada para impulsar el desarrollo del país y darle trabajo fijo, con sueldos y salarios de quince y último, más prestaciones sociales, a millones de venezolanos. Si no hay entendimiento sin exclusión, las políticas del socialismo del siglo XXI llevarán el país al colapso, parecido al que sucumbieron los países comunistas durante décadas de gobierno durante el siglo XX. Afortunadamente los venezolanos han expresado con firmeza que rechazan y rechazarán el socialismo cubano, uno de los dos sobrevivientes de la catástrofe de la Unión Soviética y los regímenes totalitarios que logró imponer en Europa del Este, y reclamará y cobrará con votos en el 2012.
Sin embargo entramos en una nueva etapa de la vida política de la nación. Hugo Chávez tratará de dividir a la oposición, y ésta deberá trazar y ejecutar una política de consolidación y ampliación de la unidad. En cuanto a lo primero resulta imprescindible pasar la página victoriosa de las elecciones parlamentarias y cumplir a cabalidad con la agenda de las 100 Propuestas para legislar. Y en cuanto a lo segundo deberá tender puentes hacia los sectores independientes que no participaron en los comicios pasados, dando demostraciones de que realmente el país cambió y existe una alternativa democrática para cumplir y hacer cumplir la Constitución Nacional vigente, que garantiza derechos sociales e individuales que hará respetar; y algo muy especial por las dificultades que pueden ofrecer o presentar años de confrontación con el PPT. La alianza parlamentaria es fundamental para evitar desmanes del oficialismo y obligarlo a la negociación política y la reconciliación civilizada de los venezolanos. Y en los estados Amazonas y Lara deben romperse los diques del reconcomio, de los pleitos por intereses partidistas o personales, y dar comienzo a una alianza por la defensa de la descentralización, de un mejor, justo y legal situado constitucional, y por todo lo que constituya la defensa del Estado y sus habitantes, tal como lo han señalado los gobernadores Pablo Pérez, del Zulia, y César Pérez Vivas, del Táchira, tomando en cuenta las características y especificidades propias de cada región.