NICARAGUA Y COSTA RICA de Juan Páez Ávila

Las crisis políticas internas que algunos gobernantes de tendencia totalitaria han confrontado en diferentes países, especialmente en el llamado Tercer Mundo, generalmente han servido de pretexto a tiranuelos corruptos para provocar conflictos con las naciones vecinas, aumentando la miseria de pueblos incultos y manipulables que se suman a cualquier llamado a la violencia militar. Y aunque también hay ejemplos de naciones que han alcanzado cierto e importante desarrollo, que han provocado guerras destructivas, criminales, cuando los gobiernos han caído en  poder  de políticos demagogos, irresponsables y guerreristas, en el siglo que apenas comienza, estas barbaridades se han visto limitadas a países donde la pobreza aniquila a la mayoría de sus habitantes.
Dos países pequeños, que en el siglo XXI podrían y deberían estar luchando por la integración económica, viven un momento de tensión y de peligrosa belicosidad propiciada por el predominio de las armas que tiene Nicaragua, que no presta atención a los llamados de paz y de entendimiento bilateral, tal como la demandan organismos internacionales como la OEA, de los cuales  forman parte ambas naciones. En un momento de nuestra historia contemporánea, cuando pequeños países europeos, que fueron ocupados  militarmente y  humillados por las tropas de Adolfo Hitler durante la II guerra mundial, conversan con Alemania y se incorporan a la Unión Europea, donde discuten y defienden civilizadamente sus intereses, en  nuestro subcontinente americano algunos gobiernos tratan de emplear la fuerza para dirimir sus diferencias.
            La causa aparente de defender la soberanía que nunca ha estado no podrá estar amenazada por un vecino que carece de ejército, el gobierno de Daniel Ortega debe tener otras motivaciones para crear un conflicto con Costa Rica y amenazar con retirarse de la OEA, porque por primera vez la mayoría de sus integrantes acuerda pedir a ambas naciones centroamericanas, que eviten una confrontación violenta y se sienten a discutir y buscar una solución bilateral.
            La experiencia política en nuestra región y en muchos países del mundo indica que cuando un gobernante decide perpetuarse en el poder y recibe el rechazo de la mayoría de sus habitantes, apela al recurso de crear artificialmente conflictos con los vecinos o con un imperio al que le venden y compran sus mercancías. En Nicaragua las encuestas y los últimos resultados electorales revelan que Daniel Ortega puede ser derrotado en sus aspiraciones continuistas, y por eso ocupa con el ejército el río San Juan, para tratar de aglutinar a su alrededor el sentimiento patriótico de los nicaragüenses, llamando a defender la soberanía nacional que nunca ha estado en peligro.
            Y en un momento en el que  la revolución de la ciencia y la tecnología y  las grandes inversiones en  educación, salud e infraestructura, en la  industria, la agricultura y el comercio para impulsar el desarrollo y bienestar de la población, los guerreristas del tercer mundo resultan unos seres primitivos, atrasados, que sólo los mueve la ambición personal, con el agravante en algunos casos, que es la única manera de no rendir cuentas de la corrupción y el desastre en que han sumido a sus pueblos. En Nicaragua, cuya economía subsiste gracias a las remesas que envían desde los Estados Unidos miles de emigrantes que han buscado y encontrado un refugio en esa nación, y a la ayuda que Hugo Chávez le suministra a Daniel Ortega para colocarlo al lado de su delirio de líder continental y mundial, la ambición del actual Presidente expone a su pueblo a más sacrificios y  desgracias, levantando falsas banderas de soberanía nacional.
            Y toda esta perspectiva de mayores tragedias en nuestras pequeñas naciones, resurge en la era del conocimiento, cuando las sociedades avanzadas se preparan para asimilar los más trascendentales cambios científicos, tecnológicos y humanísticos, los intercambios de esos conocimientos, para ponerlos al servicio de un mayor bienestar de sus habitantes.  A nuestras naciones les queda la alternativa de unir a los sectores sociales más sensibles y con claro  conocimiento de los cambios progresistas que se generan en el mundo de hoy, para cerrarle el paso a los Ortega, a los Chávez, y a todo cuanto ignaro y aventurero pretenda perpetuarse en el poder para beneficio de una minoría de traficantes y corruptos,  que además de saquear el Tesoro Público pretenda llevarnos a una guerra inútil y suicida para nuestros pueblos.