LA CRISIS DE LIBIA de Juan Páez Ávila

Los pueblos árabes continúan demostrándole al mundo que no es cierto que sean sumisos a los tiranos e ignorantes de las conquistas democráticas de las naciones occidentales, al insurgir pacífica o violentamente, según las circunstancias,  contra la barbarie de muchos de sus gobernantes y la solicitud  de libertades públicas, independencia de los poderes, gobiernos plurales y respeto a los derechos humanos.
Después de la caída de los regímenes dictatoriales de Túnez  y Egipto la mayoría de los gobiernos autocráticos en el Oriente Medio, han sido sacudidos por protestas de ciudadanos que piden reformas democráticas o renuncia de sus jefes de Estado, pero es en Libia donde la crisis política y militar se ha agravado, con el peligro que se desate una guerra civil, con las terribles consecuencias que genera este tipo de confrontación fraticida, en la que no sería ajena la intervención extranjera.
Al momento de escribir este artículo, dos días antes de su publicación, las fuerzas contrarias al Coronel Muamar Gadafi se habían apoderado de varios ciudades al este de Libia y el ex -Ministro de Justicia que abandonó al gobernante que lleva 40 años en el poder, anunciaba la formación de un gobierno paralelo en la ciudad de Bengasi, la segunda de ese país, y todo parecía indicar que no obstante el llamado del hijo de Gadafi, Saif Al Islam, a una negociación para ponerle fin al conflicto, no sería atendido por los insurgentes que han logrado apoyo a escala internacional.
Hasta hoy Gadafi luce atrincherado en Trípoli, dispuesto a resistir y a armar a sus partidarios,  para  librar lo que a su juicio sería la gran batalla final, lo cual es indicio de que el peligro de guerra civil, si no se produce una mayor deserción del Ejército que todavía le es leal, es un hecho latente, porque lo más probable es que la oposición reciba apoyo militar desde Europa y Estados Unidos, a través de los principales puertos que dominan y por donde sale la mayor parte del petróleo que Libia exporta.
Y aunque Gadafi, según cables internacionales, estaría recibiendo apoyo desde Zimbague, de parte de Mugabe, en pocos días podría ser acorralado por fuerzas superiores y las batallas acarrearían miles de muertos y heridos, algo que ningún demócrata puede admitir como forma de lucha en el siglo XXI, cuando la Unión Soviética se derrumbó a finales del siglo XX, sin que los cañones y menos los tanques y aviones del Ejército Rojo dispararan  contra la población civil.
Las circunstancias políticas y militares tanto internas como externas que atraviesa Libia, en estos momentos, conducirán inevitablemente a la derrota de Gadafi, al perder apoyo internacional y tener que enfrentar las sanciones  del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aprobadas por unanimidad. Por los vientos que soplan ninguno de sus panas o ¨hermanazos¨ acudirá en su auxilio, aunque Hugo Chávez y Daniel Ortega de Nicaragua se han negado a condenar lo que para todo el mundo conectado a Internet y a las redes sociales de la comunicación, los bombardeos de la población civil por parte da aviones de Gadafi, violando los Derechos Humanos, son hechos incontrovertibles y repudiados universalmente.
            El gastado argumento de Chávez y Ortega de que es el imperialismo el culpable de la crisis que atraviesa Libia, no lo cree ni Gadafi quien responsabiliza a Al Qaeda. La contradicción ente el  tirano Livio y los aspirantes a dictadores perpetuos, deja al descubierto el cinismo que los caracteriza, para tratar de desviar la atención de sus respectivos pueblos, al ocultar la realidad: la explotación, la miseria, la corrupción de las élites gobernantes, la represión y los crímenes cometidos por sus fuerzas policiales y militares,  como los verdaderos motivos de la sublevación de miles y centeneras de miles de personas que luchan por la libertad, la igualdad y el bienestar de las mayorías.
            Lo que sucede en el Oriente Medio es un indicador de que el uso de las nuevas tecnologías de la comunicación, ha facilitado una mayor información de los cambios progresistas de las naciones, de las luchas por consolidar la democracia y el repudio a todo tipo de régimen totalitario. Un cambio, que puede experimentar algunos retrocesos transitorios, pero al final resultará irreversible.