LAS HUELGAS UNIVERSITARIAS de Juan Páez Ávila

Las huelgas de hambre protagonizadas por estudiantes, profesores y personal administrativo y obrero de las universidades autónomas, constituyen una expresión extrema de la sensibilidad y capacidad de sacrificio de sus componentes humanos que hacen posible su funcionamiento y evitar un colapso por la irresponsabilidad del gobierno de asignarle un presupuesto deficitario durante varios años consecutivos, en un acto no sólo de discriminación de las principales casas de estudios superiores del país, sino también de una profunda ignorancia acerca del valor y significado de la educación, en la era del conocimiento que exige inversiones proporcionales,  para una mejor preparación de sus jóvenes.
Una de las características del atraso de una nación  es la inexistencia de universidades con el presupuesto adecuado para poder  cumplir con la formación de profesionales, científicos y técnicos que se requieren para impulsar los cambios propios de su tiempo. Que sean los estudiantes, quienes no ven futuro en nuestro país, porque en vez de invertir en los estudios superiores, el gobierno malgasta unos ingresos milmillonarios provenientes del petróleo  en  regalos a otros gobernantes  que forman un coro de adulantes del Comandante Presidente, revela la incapacidad de quien dirige los destinos del país para determinar cómo y en qué debe invertirse el presupuesto nacional.
El mundo de hoy los países desarrollados se disputan la primacía de sus universidades tomando en cuenta el número y profundidad de sus investigaciones, la altísima calificación de sus profesores y la selección y rendimiento de sus estudiantes, cuyos resultados son la contribución al progreso de las naciones y al bienestar de sus habitantes. La Rusia actual  y los países emergentes como Brasil, China, Japón y la India no sólo gastan un alto presupuesto en las universidades para formar los jóvenes, hombres y mujeres que consolidarán sus desarrollos futuros, sino que también envían miles de profesores y estudiantes a  completar sus formación con estudios de postgrado, en las mejores universidades del mundo desarrollado.
                Una vez vetada la Ley de Educación Universitaria por el Presidente de la República, quien ha manifestado reiteradamente que no dialogará con la oligarquía, en la cual incluye a profesores y estudiantes universitarios, ante la perspectiva futura  y dada la firmeza y la conciencia de la comunidad universitaria para enfrentar los desafíos y de ayer y hoy por parte de regímenes autocráticos, el conflicto entre el gobierno de Hugo Chávez y las universidades, continuará latente.
                A esa decisión firme de los estudiantes de defender un presupuesto justo para las universidades, corriendo el riesgo de sus propias vidas,  se suma el respaldo que han recibido de la sociedad civil y de la Mesa de la Unidad Democrática, que expresan  una gran sensibilidad humana y social, un compromiso para el futuro inmediato de los venezolanos, porque lo único que deben atender y garantizar los gobiernos es lo establecido en la Constitución Nacional vigente.
                Si en las altas esferas gubernamentales existiera una clara concepción de las características  de la época en la que les ha tocado dirigir la nación, lo primero que tendrían que presupuestar, sin hacer muchos esfuerzos porque otros países lo han realizado con resultados exitosos, es lo relativo a la educación, la salud y la seguridad de los ciudadanos. Pero aunque expresen verbalmente que hacia orientan su presupuesto, en la realidad         resulta una gran farsa, porque  en su concepción militarista y autoritario privan otros intereses. La educación, la salud y la seguridad de las personas y los bienes atraviesan los peores momentos de nuestra historia contemporánea. De allí que gracias a los estudiantes, profesores, obreros y empleados que han encabezado varias huelgas de hambre, se pueden lograr algunas conquistas en cuanto al derecho a mejorar, transitoriamente, sus niveles de vida y funcionamiento de las universidades. Pero para superar la pesadilla de tener que realizar huelgas los próximos años, es necesario que en las elecciones presidenciales de 20112, se produzca un cambio pacífico no sólo del jefe del Estado, sino también de la manera de concebir la política en función los valores fundamentales de la educación, la calidad de vida y seguridad de los venezolanos.