CHÁVEZ Y SANTOS de Juan Páez Ávila

En un tercer encuentro pautado para celebrarse el  viernes 2 fue pospuesto para el 9 de abril en Cartagena, los presidentes Hugo Chávez y Juan Manuel Santos tratarán de avanzar en la normalización de las relaciones económicas y diplomáticas, antes de que se venza el período establecido para  que se produzca la salida definitiva de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), en  momentos en que nuestro país importa el 70% de los alimentos que consumimos, a precios más elevados, traídos de otros mercados internacionales,  después que Colombia ha logrado colocar en otros mercados la mayor parte de lo que exportaba para Venezuela.
            Esta difícil realidad confirma que nuestra salida de la CAN fue un serio error del Comandante Presidente Hugo Chávez, y más grave aún el rompimiento de relaciones diplomáticas con el vecino país, no sólo por las repercusiones negativas que ambas decisiones produjeron entre centenares de miles de venezolanos que vivían del comercio con Colombia, sino también porque todo la población venezolana se ha visto afectada por la escasez de productos de la dieta diaria, que se comercializaban con nuestro vecino, que llegó a ser el segundo mercado en importancia económica y social para Venezuela.
            Hoy, por muy importantes que sean los esfuerzos que se hagan para mejorar nuestras relaciones económicas con Colombia, difícilmente se pueden restablecer los límites que alcanzaron, de 7.000 millones de dólares anuales, antes de nuestra salida de la CAN, y a los más bajos precios posibles porque no se pagaban los aranceles que hay que cancelar en estos momentos, por productos traídos de otros países. A los que hay que agregar los fletes que cuesta el transporte a través de mayores distancias.
            Y aunque todo lo dicho forma parte de una compleja y desventajosa realidad, para un país importador como el nuestro, hay que celebrar el restablecimiento de las relaciones con Colombia, no sólo porque se trata de un mercado natural para ambas naciones, sino también porque Venezuela y Colombia se complementan en muchos aspectos de sus economías y porque su vecindad se prolongará por los siglos.
            Por lo menos existe la esperanza de que en los próximos años la convivencia entre los dos países se consolide en un clima de paz y progreso para los habitantes de cada uno, particularmente para quienes habitan en la frontera, y se integran en el comercio y hasta en las familias colombo-venezolanas.
           Para normalizar definitivamente  las relaciones debe haber concesiones de una y otra parte, en las que difícilmente puede haber engaños con simples declaraciones de buena voluntad. En la práctica Chávez tiene que renunciar al apoyo a las FARC y al ELN, más allá del llamado, muy sensato, de buscar una solución pacífica. Santos tiene que garantizar que sus bases aéreas no servirán de instrumento de una posible agresión a Venezuela, también más allá de una simple declaración.
            Lo que no podrán hacer, legalmente,  Santos ni Chávez es anular la denuncia de Uribe en la CIDH y en la Corte Penal Internacional de la Haya. Y lo que no podrá rebatir el Comandante Chávez es la afirmación del Comandante Fidel Castro de que el socialismo del. Siglo XXI es lo mismo que comunismo, coincidiendo con lo afirmado por el Cardenal Urosa Savino, rechazado por más de 80% de los venezolanos.
            De allí que una vez normalizadas las relaciones diplomáticas y económicas entre los gobiernos  de Venezuela y Colombia y disipados los vientos de guerra para tranquilidad, beneplácito y beneficio de los pueblos de ambas naciones, a Hugo Chávez le quedan tres frentes políticos qué resolver. La acusación en el Tribunal Penal de la Haya por parte del abogado del ex Presidente Uribe; convencer a la mayoría de los venezolanos de tanto Fidel Castro como el Cardenal Urosa Savino le mienten al país cuando señalan que el socialismo del siglo XXI es igual, o conduce, al comunismo, lo cual es rechazado por más del 80% de los electores que sufragarán en diciembre de 2012; y por último tiene que enfrentar  la hasta ahora desconocida reacción de las FARC y el ELN, porque es evidente que Juan Manuel Santos no negociará, excepto que se comprometan a liberar a los secuestrados y deponer las armas, es decir, a acogerse a una política de paz.

LA SOBERANÍA ALIMENTARIA de Juan Páez Ávila

Otro de los factores, además de los altos niveles de educación que caracterizan a los países desarrollados, es la capacidad para producir un alto porcentaje de alimentos, que además de garantizar la dieta diaria de los ciudadanos, evite la dependencia extranjera y los peligros de una hambruna en caso de catástrofes naturales o guerras provocadas por terceros.
Desde los primeros años de su gobierno el Comandante Presidente viene hablando de la necesidad de garantizar la soberanía alimentaria de los venezolanos, lo cual significará que en el país debería producirse sino el 100% de los alimentos, por lo menos el 70 u 80% de los que consumimos en todo el territorio nacional, pero las mismas estadísticas oficiales publicadas tanto por el Ministerio de Agricultura y Tierras como las del Banco Central, indican que estamos importando precisamente el 70%, lo que reduce la producción nacional a un 30%.
            Este alto porcentaje de importación de alimentos refleja el fracaso de la política agropecuaria que debió ejecutar el Ministerio creado para tales fines, cuyos titulares se han dedicado la mayor parte del tiempo que han estado al frente de ese Despacho, a invadir fincas productivas, que a los pocos meses son abandonadas y dejan de producir, lo que hace imposible cumplir con la meta de la soberanía alimentaria. Esto se refleja con más claridad en las consecuencias que ha traído la expropiación de más de 3 millones de hectáreas, que aunque la llamen rescate de tierras o lucha contra el latifundio, los resultados han sido catastróficos porque no están en producción, sino unas 100.000 hectáreas.
            Y lo más grave es que no se ha ejecutado ninguna lucha contra el latifundio, con lo cual todo el mundo estaría y está de acuerdo, porque sería transformar tierras abandonadas en tierras productivas, con lo que sí hubiese aumentado la producción. Lo que se ha hecho es destruir miles de fincas productivas y favorecer la importación de alimentos, cosa que se ha podido hacer por los altos precios del petróleo, pero que sólo beneficia a los países que nos venden los alimentos.
            De allí que no sólo estamos muy lejos de lograr la soberanía alimentaria, sino  también que vamos camino a una mayor dependencia de los países productores, si el gobierno no cambia la política de invasiones de fincas productivas, por apoyo a la propiedad  privada de los trabajadores del campo, pequeños, medianos y grandes altamente tecnificados, y se dedica a poner en producción a millones de hectáreas que hacen del Estado el primer y gran latifundista de la nación, única manera de evitar la importación y el alto costo de los alimentos, cuestión que constatan todos los días las familias que van a los mercados.
            Después de siglos de la experiencia mundial acerca del fracaso de la estatización de la agricultura y de  los grandes  éxitos de los empresarios privados del campo, cuando se crean condiciones para trabajar, innovar e invertir en el duro trajín de la tierra, sólo por razones ideológicas y dogmáticas el gobierno del Comandante Chávez se empeña todavía en expropiar y confiscar fincas productivas, en la creencia de que en manos del Estado e incluso de campesinos no educados o preparados para gerenciar la empresa agropecuaria, puede aumentar la producción.
En estos últimos once años de la administración de Hugo Chávez, en materia agrícola, Venezuela ha experimentado un peligroso retroceso que nos coloca entre los países más atrasados del  mundo. Por lo visto hasta hoy, por lo insistente del gobierno en la represión y expropiación contra los legítimos dueños y trabajadores de la tierra, utilizando la Fuerza Armada para amedrentarlos, la agricultura continuará en picada hacia la ruina del país, y a los venezolanos no les queda otra alternativa que cambiar de gobierno, derrotar a Chávez Candidato presidencial en las elecciones de diciembre del 2012 y devolverle la tierra a los constructores de una agricultura moderna, capaz de producir para satisfacer las necesidades fundamentales de la población y exportar y competir con los excedentes en el mercado internacional.